Jibarización del periodismo

A Gabriel García Márquez se le ocurrió que el periodismo ‘es el mejor oficio del mundo’ y al maestro de cronistas, Ryszard Kapuscinski, que ‘los cínicos no sirven para este oficio’. Lo que ambos dijeron mantiene un enorme y profundo sentido ético, pero es casi seguro que ambos se estremecerían ante la suerte de jibarización del periodismo de estos días. Por eso los periodistas-trabajadores de prensa, nucleados en los sindicatos que los representan, plantean la necesidad de sostener las fuentes de trabajo y el poder informar con libertad. En los tres años y medio de gobierno de Mauricio Macri se perdieron alrededor de 4.000 puestos de trabajo en todo el país, mientras se precarizó a casi todo el resto. De manera particular se atacó la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA) que ponía un cierto límite a la concentración de la propiedad sobre los medios y daba estatus de consideración a los del sector no comercial, tanto comunitarios como cooperativos. El colectivo de quienes trabajan con la información, y para eso con el mundo de las ideas, no se enfrenta sólo al tsunami macrista, lo hace además con los cambios tecnológicos que como corresponde a la sociedad capitalista están en manos de las mismas corporaciones que deciden el uso y sentido de la aplicación.

Desde la campaña electoral de 2015, el mundo de la comunicación y del periodismo fueron desvelos de Cambiemos que en cuanto pudo dio el zarpazo mediante DNUs modificatorios de la LSCA con los que se anuló los artículos antimonopolios y poco después el mayor grupo corporativo del país, Clarín, pudo quedarse con lo que tenía y también con Telecom y Nextel, para actuar en todas las expresiones de la comunicación. Resultado: un negocio más que importante, porque a la asociación entre la  concentración económica y la del capital financiero se adiciona la mega concentración en esta actividad que elabora los contenidos que necesita para intervenir con fuerza en la disputa de sentido y ganar la pulseada por  crear una subjetividad social acrítica y capaz de pensar y actuar contra sí misma. Nada quedó en las políticas públicas del paradigma que otorga  valor de derecho humano y bien social a la información y que enunciaba la LSCA.

La concentración brutal, por su parte, también permite el achicamiento de los puestos de trabajo. ¿Por qué tener planteles de periodistas, fotógrafos, camarógrafos o administrativos en cada medio de un grupo?, razonan las empresas que hace tiempo olvidaron la calidad -que aporta cada quien en su función-, y la responsabilidad social que les compete. Además, las políticas aplicadas desde el Estado en los medios públicos alientan la filosofía y la acción de mercado que recurre a la censura, la invisibilización, los aprietes, la precarización. Las prácticas monopólicas son de base las mismas en todo el país y Rosario no es la excepción: la concentración mediática fue creciendo hasta llegar al punto más alto en la actualidad.

El periodismo mundial y por tanto el de nuestro país asiste también a un momento complejo y de enormes cambios en las rutinas laborales que se conocían: el deslumbrante mundo digital brinda posibilidades comunicativas inimaginables pocos años atrás. Ahora el algoritmo marca los tiempos y los modos de producción, modifica los criterios de edición e impone la inmediatez que a menudo conspira contra la calidad de la que se hablaba y, que en sí misma, contiene el primer principio ético que es el trabajo por la verdad, por la construcción de la información con el chequeo de fuentes y la rigurosidad de lo que se publica o se da a conocer en la diversidad de los soportes mediáticos y en especial en las redes. Queda configurado un territorio fértil donde se enseñorean las inexactitudes, las distorsiones y las actuales mentiras que se conocen como fake news. La ‘modernidad’ instalada condena las mejores prácticas periodísticas y  el entretenimiento gana lugar como si las integrara. No es que el avance tecnológico sea malo, es aquello que en especial las grandes corporaciones hacen con la tecnología lo que preocupa y angustia al universo trabajador, ya que trae precarización, sobrecarga de tareas, despidos, desempleo. El criterio mercantilista y maximizador de ganancias se ha hecho más potente con el poder que representa la concentración. Quiere más y más ganancias, sobre todo en un año electoral. Y entonces la información reunida estará tamizada y atravesada por lo que los anunciantes señalen que se puede o no mostrar. Por eso está amenazada la esencia del periodismo, el oficio-profesión que tantas pasiones e intereses despierta pero que no puede hacerse desde un escritorio o por whatsapp. Tampoco, o no solamente, en base a los aportes o testimonios del llamado periodismo ciudadano o a los partes que remiten los equipos de prensa de funcionarios públicos, sectores políticos u organizaciones diversas. Como decía hace muchos años la canción de Los Piojos, ‘Desde lejos no se ve’. Hay que estar, caminar, meter los pies en el barro, consultar las mejores fuentes. Así el periodismo es un oficio-profesión que merece ser recorrido.

Publicado en la ed. impresa #03

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