Como peces en el agua

Foto: La raya, el más temido de los seres que habitan las aguas del Paraná y uno de los principales atractivos para los alumnos de la escuela técnica de Empalme Graneros (Sebastián Vargas)

Nuestro cronista se interna en el nuevo acuario de la ciudad en el marco del programa municipal “Turista en Mi Ciudad”.

En el acuario del río Paraná hay que hablar sin levantar mucho la voz y la razón es que los peces se estresan.

-Nos estás jodiendo.

-No, es verdad. Los peces se estresan.

Se lo explica una joven guía llamada Sol a los alumnos de tres cursos de una escuela técnica de Empalme Graneros que acaban de llegar por primera vez en su vida a ese sitio, pese a que viven a no más de 25 o 30 cuadras. Eduardo sonríe cuando escucha a Sol, un poco por incredulidad y otro poco porque no imagina a sus compañeros de 1°, 3° y 4° años de la escuela técnica cuidándose de no causar estrés a pacúes, viejas del agua y dorados. Y menos que menos, a las palometas.

Eduardo se levantó a media mañana, como la mayoría de sus compañeros. Suele hacerlo más cerca del mediodía, pero hoy estaba ansioso. Es el día en que tres cursos de su escuela irán al acuario. En clases habían hablado sobre ese lugar, pero por más que lo intentara no podía imaginar cómo sería. ¿Una gran pecera donde están todas las especies del Paraná? Ni bien abrió los ojos esa mañana volvió a hacerse la pregunta.

-¿Todos los peces? ¿En un edificio?

Había llegado el día de comprobarlo.

La manzana de Génova al 6400 es un hervidero. La calle es la espina dorsal de Empalme Graneros, un barrio que cuando sale en los diarios siempre va acompañado de la palabra “populoso” y desde hace algunos años también “inseguro”. Colectivos de las empresas Movi y Cacique de distintas líneas van y vienen hacia el centro y hacia los confines de la ciudad. Los choferes esquivan perros sueltos, carros tirados por personas que revuelven en los contenedores, gente que atraviesa la calle, chicos que juegan, un señor que vende tortas asadas y tiene la parrilla sobre el asfalto y dos gallinas que escaparon de algún corral y picotean el suelo frente a un almacén.

A mitad de cuadra hay un colegio. Es la Escuela Técnica Nº 660 Laureana Ferrari de Olazábal, una de las instituciones más (re)conocidas del barrio. El año pasado los alumnos fueron invitados a votar un proyecto que se solventaría con el Presupuesto Participativo Joven, un programa de la Municipalidad de Rosario. Propusieron algo novedoso. “Que nos lleven a conocer la ciudad”. El viaje al acuario es la consumación de ese deseo colectivo.

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