Llevar una identidad

Comunidad lésbica, gay, travesti, trans, bisexual, no binaria, queer: Cuatro historias de vida abren espacios que la sociedad ha demorado demasiado en reconocer. Cómo vivir sin someterse a crueles reglas preestablecidas y asumir con coraje el camino propio.

Noah Pellegrini

Lo mío es bastante personal, el no binarismo es como cada uno lo vive.

Quienes le conocen desde hace tiempo, le dicen Rulos. Cuando le llaman Noah, le suena formal. En su documento nacional de identidad, sin embargo, figura otro nombre. No hubo ley de identidad de género que posibilitara –aún– su pedido: no quiere que se identifique como hombre o mujer, su género es no binario. Hace más de un año lleva adelante una pelea contra la burocracia estatal que no concibe a una persona fuera de las estructuras femenino/ masculino, pese al antecedente de noviembre de 2018, logrado en la provincia de Mendoza, para quien no consigue género en el DNI. Seguí leyendo en la ed. impresa #05.

Franco Carames
Franco Carames, ser uno mismo

De a poco me fui dando cuenta de que la sexualidad podía ser más abierta.

Franco aprendió a caminar en las escalinatas del Monumento a la Bandera en las revueltas populares de diciembre de 2001. Participaba de las manifestaciones junto a sus padres, militantes sindicales de toda la vida. “De a poco, más que nada por la militancia de mi mamá y mi papá, lentamente me fui dando cuenta de que la sexualidad podía ser más abierta, muchísimo más fluida, que se podía decir o no decir, estar con quien quieras, y no a pesar de un género”. Seguí leyendo en la ed. impresa #05.

Nancy Rojas
Nancy Rojas, cuando el arte desborda

El género también es el cuerpo transformado en la medida en que una deja que eso fluya.

“¿Estamos desactivadas?/ ¿O a punto de parir un minotauro?/ ¿Somos libres o liberales?/ ¿Somos manifiesto del deseo o seguimos siendo deseadas?/ ¿Estamos realmente sueltas o aprisionadas?/ –Quizás, solamente amansadas–aseveró su espíritu desde la puerta. –Entonces, no hay qué temer”. En su manifiesto Leopardos sueltos, de 2016, la curadora, ensayista y productora de proyectos artísticos Nancy Rojas se preguntaba sobre la capacidad revulsiva de lo queer, y en esa pregunta, en la búsqueda, vive su trabajo desde que creó Studio Brócoli junto a Mauro Guzmán. La siguió desplegando en curadurías para instituciones y hasta fue convocada para el Salón Nacional de Artes Visuales. Seguí leyendo en la ed. impresa #05.

Amalia Salum
Amalia Salum, fugitiva de la feminidad

Hay lesbianas que no nos identificamos como mujeres, y es por una identidad política.

En 1981, Amalia Salum le contó a su abuela que era lesbiana, una palabra que todavía no había aparecido en su vida como categoría política. “Mi abuela me crió. Era la autoridad de la familia y con ella yo tenía absolutísima confianza, entonces un día se lo dije. No dijo nada, se fue a dormir, no me hizo un solo comentario. Yo temblé toda la noche y a la mañana, cuando estábamos desayunando, me dijo: «Si yo no entendí mal, vos no vas a tener hijos. Bueno, lo que yo te digo es que si querés tener hijos, yo te ayudo, yo te acompaño».  Realmente a veces pienso… Con los años que ella tenía, y estamos hablando de tantos años atrás. Cada día valoro más la cabeza que tuvo esa vieja del amor”, cuenta Amalia, 58 años, activista lesbiana, fundadora junto a Stella Labruna del bar Chavela, un espacio cultural que entre 2010 y 2015, desde Zeballos y Ayacucho, hizo historia en la ciudad. Seguí leyendo en la ed. impresa #05.

Fotos: Sebastián Vargas

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