Negro Ielpi: “Lo que más recuerdo es lo que no he visto”

Foto: Ielpi en la Estación Rosario Oeste, donde todo empezó (Sebastián Vargas)

A sus 80 años, Rafael Ielpi mira hacia el pasado buscando respuestas. No fue la suya una infancia feliz y, sin embargo, vuelve sin dolor hacia los días en que la familia recorría el país siguiendo los pasos del padre ferroviario. No sorprende, entonces, que el poeta, escritor, historiador y gestor cultural rosarino cite al fotógrafo de Barullo en la Estación Rosario Oeste. No en el cómodo departamento que alquila en el Palacio Fuentes, frente a alguna de las cuatro bibliotecas que resguardan sus cinco mil libros. Tampoco en el imponente Centro Cultural Roberto Fontanarrosa, que dirige desde hace más de 15 años. Ielpi decide retratarse en el viejo edificio de calle Paraná al 1300, el mismo desde donde en cada receso escolar partía para reencontrarse con su padre. El mismo al que llegaba junto a sus hermanas y hermanos en la culminación del verano para volver a alojarse en la casa de los abuelos paternos, para retomar las clases en una Rosario para él acotada. Una Rosario a la que comenzó a descubrir sobre el final de la adolescencia, y a la que le dedicaría vida y obra.

Nacido en El Maitén, Ielpi se radicó definitivamente en Rosario a fines de la década del 40, luego de que su madre los abandonara sin dejar rastros. Poco después, su padre murió en un accidente ferroviario. “No tuvimos una infancia muy feliz en Rosario. Ni siquiera diría feliz… Siendo condescendiente podríamos decir que fue una infancia… soportable”, resumirá Ielpi, lanzado a recorrer aquellos primeros años de vida en la ciudad que lo adoptó para siempre.

Aunque poco hay para contar de esos tiempos iniciáticos: el mapa rosarino se circunscribía únicamente a la amplia casa tipo chorizo de los abuelos paternos. La calle era territorio casi inexplorado, excepto por las breves incursiones al baldío de San Luis y Caferatta o a la Estación Francesa de Córdoba y Caferatta, con el fútbol como pretexto. La escuela primaria y el Club Centro Progresista en San Juan al 3600 completaban el escueto menú de opciones para el joven Ielpi.

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