Un aventurero en la ruta de los sándwiches

Nuestro experto en gastronomía no se priva de nada a la hora del placer. Esta vez recorre tres espacios clásicos en Rosario a la hora de colocar la felicidad misma entre dos trozos de pan: Junior, Monreal y Gorostarzu. Un recorrido donde no falta ningún condimento.

Los chinos idearon la ruta de la seda. Los mendocinos, que no son tantos, montaron una más divertida: la del vino. Atrás llegó la marea gastronómica: en el sur apostaron al chocolate y en el norte a las empanadas. Los cordobeses, capaces de terciar en una guerra comercial con asiáticos y norteamericanos, doblaron la apuesta: ofrecen rutas del queso, del chacinado y del cabrito. Rosario también tiene un producto para trazar su propio recorrido: el sándwich. En un puñado de cuadras se puede completar un paseo por sabores clásicos e imbatibles, una oferta que ya conquistó a tres generaciones y que continúa batallando entre cajitas felices y velocistas con sus paladares entrenados para la comida rápida. 

El camino se extiende por once cuadras y tiene tres paradas obligadas. La primera, en Mitre 849. “Ha llegado a su destino”, me anuncia la voz de una joven ibérica. Apago el GPS y nos separamos por un rato: ella irá por unas tapas y yo a conocer la oferta del bar Junior, un comercio que fue pensado como zapatería para niños y al final no, nada que ver con suelas y cueros: desde el 17 de febrero de 1953 cautiva con su oferta de sándwiches.

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Foto: Sebastián Vargas

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