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Barullo en papel Columnas

La imaginación es una piedra que rueda

No sé si los Rolling Stones tocaron alguna vez en Rosario. Sí sé, por Horacio Vargas, que Bill Evans actuó en El Círculo y que no eran más de doscientas personas. También sé, porque los vi, que los Rolling Stones actuaron en Madrid. Mick Jagger y Keith Richards, con 78 años en las alas, y Ronnie Wood, apenas dos años más joven, hicieron acto de presencia en un estadio colmado de gente, donde, seguramente, más de la mitad del público no había nacido cuando dieron aquí el primer concierto, en el antiguo estadio del Atlético de Madrid, en 1982.

Menos parafernalia que otras veces, un ritmo más pausado, pero no menos eléctrico, la imagen de Charlie Watts en las pantallas como maestro de ceremonias del concierto y todo el vendaval de canciones. Jagger tiene el cuerpo de un dummy elástico con la cabeza de un Golem. Corre, brinca, baila, salta y los 220 voltios no lo abandonan nunca. De todos modos, la misa tiene un punto irreal, porque no es de este mundo lo que sucede arriba del escenario y cobra sentido solo cuando te das cuenta de que son ellos, los Rolling, quienes han venido a ver el show de 45 mil personas que rompen la gravedad. Es el único modo de creer que lo que estás viendo no es producto de tu imaginación.

Después de publicar Cien años de soledad, García Márquez se quejaba de que el éxito le había arrebatado el tiempo para lo único que le interesaba: “Las canciones de los Rolling Stones, la Revolución Cubana y cuatro amigos”.

Curiosamente, más de cinco décadas después solo sobreviven dos correlatos de entonces: el grupo inglés y el sistema cubano.

Pete Townshend ya no rompe guitarras y solo quedan algunas piedras del Muro de Berlín que se venden en Amazon. Pero los Stones ruedan y la Revolución Cubana se sigue narrando aún, cada día, en el Granma.

El crítico Iván de la Nuez, en su libro Fantasía roja, describe la famosa fotografía que Alberto Díaz Gutiérrez, Korda, le hizo a Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir y el Che. En la imagen, tomada en el despacho de Guevara, este le da fuego a Sartre, que empuña un habano ante la mirada complaciente de Beauvoir. De la Nuez sugiere que en esa escena Guevara le ofrece a Sartre el fuego de la revolución y también advierte que la fotografía fue tomada en plena noche y que a Sartre le llama la atención el insomnio de Guevara. “En aquel despacho no entra la noche”, escribirá Sartre.

Tiempo después, en París, el filósofo respaldará al movimiento del sesenta y acompañará a su líder, Daniel Cohn-Bendit. Sartre había dicho en Cuba: «La originalidad de la Revolución consiste en ir directamente a hacer lo que hay que hacer, sin tratar de definirlo mediante una ideología previa». Cohn-Bendit parece haber seguido al pie de la letra esta reflexión ya que muchos años después declina pedir, como en mayo del 68, lo imposible y apela a la responsabilidad desde su escaño en el Parlamento Europeo. Tampoco reclama la imaginación al poder: apoya a Macron.

En el documental Stones in Exile se puede ver cómo los Rolling Stones crearon y grabaron el legendario disco Exile on Main St. Todo se condensa en una villa de la Costa Azul alquilada por Richards, que impone su estilo de trabajo: improvisación total en medio de todo tipo de excesos. Es ahí donde nace el eslogan “Sexo, drogas y rock & roll”. Improvisaban durante días y días hasta que, de repente, todo convergía y los temas iban surgiendo. Jagger acató con desgana el método de Richards. “La grabación se convirtió en algo perjudicial para el grupo”, se queja Jagger. La lectura de Richards fue esta: “Mick necesita saber qué va a hacer mañana. Yo estoy contento con levantarme y mirar quién anda alrededor. Mick es rock, yo soy roll.”

Los Rolling tocaron en La Habana en 2016. ¿En Rosario? No aparecen en You Tube. Sin embargo, yo vi a Queen en Central en 1981 y solo encuentro videos de Vélez Sarsfield y del estadio de Mar del Plata. ¿Lo estaré imaginando? ¿Inventa Vargas el concierto de Bill Evans? Sin duda, no. Debemos ser roll. Como el Che: lo único de él que fue rock es la casa de calle Mitre.

Publicado en la ed. impresa 22

Por Miguel Roig

Escritor y periodista rosarino que reside en Madrid. Es coeditor de la Revista Socialista y socio fundador de Mongolia, revista satírica mensual española. Escribe una columna en el diario.es y en Perfil. Sus últimos libros son El marketing existencial (Península, 2014) y Conversaciones con Alberto Garzón (Turpial, 2016).

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