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Barullo en papel

¡La hora referí!

Miniserie

Un universo en general con escaso despliegue promocional, imprescindible para cualquier competencia deportiva, pero cuyos protagonistas son objeto de la mira y la denostación de hinchas, seguidores y fanáticos –que los culpan por cualquier error y no irán a disculparlos jamás por los resultados adversos obtenidos por su equipo– tiene nula equiparación con la mayoría de los oficios y profesiones mundanos que conforman cualquier otro universo. Ese mundo es el del arbitraje, una práctica cuyas resonancias, alcances, riesgos y gratificaciones los conocen solo quienes lo han elegido. Porque para casi la mayoría, el referí será el merecedor de todos los enconos y puteadas. Tal vez allí, sobre todo, esté el acierto de la miniserie documental ¡La hora referí!, que ofrece cuatro capítulos de 24 minutos cada uno donde se describen algunas de esas vidas para develar lo que mueve a sus protagonistas a tomar la decisión de hacer sonar un pito y lograr que un encuentro deportivo traduzca su mejor señal: la efectividad en el puro juego. ¡La hora referí! muestra entonces cuál es el sentido de ecuanimidad que anima a los árbitros, cómo se manifiesta en cada instancia deportiva y cómo la casualidad, la curiosidad, la necesidad de un trabajo con paga segura es lo que los ha llevado hasta allí. Los testimonios de jóvenes árbitrxs y de otros más experimentados vinculados al oficio aportan diversas miradas sobre qué se siente calzar esa vestimenta. “Un árbitro cumple bien su función cuando nadie habla de él”, dice un experto y grafica aquello que se espera de quienes asumen la tarea. También refiere a que las gratificaciones suelen ser mínimas comparadas con la vorágine de insultos recibidos y advierte sobre el peor error en un campo de juego: cobrar algo que no existió. Con una puesta en escena dinámica y encuadres ligeros y cuidados, el relato hace hincapié en el entrenamiento psicofísico, la aplicación de las normas, el trato con los jugadores, la comunicación con el público, el error como elemento siempre presente; también en el deber asumido como garante del encuentro, en el rol de la tecnología cada vez más sofisticada como condicionante. Por supuesto fútbol –donde la mitad está a favor de lo cobrado y la otra mitad no, según apuntan periodistas deportivos e hinchas–, pero también rugby, el nada fácil de dirigir waterpolo –se ven fragmentos de todos ellos–. En cualquiera de esos deportes el único que no tiene hinchada es el árbitro y cada uno debe entender perfectamente esa soledad, por eso se afanan para que los encuentros sean dinámicos, que fluyan, porque el rol será activo y se ganarán al menos el respeto de jugadores y público. Una psicóloga del deporte, instructores de la escuela de árbitros, coachs, los que hace poco están en el oficio y los veteranos, todos van describiendo la práctica que se ha vuelto central en sus vidas y los define fuera y dentro de la cancha, incluso cuando el bautismo para ser un árbitro oficial viene de algún golpe –pasional e irracional, un bautismo de fuego dicen algunos–. La acertada banda de sonido le da a la miniserie una especial coloratura y pone suspenso a ciertas secuencias de este oficio a la vista de todos pero desconocido. Pablo Romano y Daniel Kowalczyk hicieron guion, producción y dirección de ¡La hora referí! –se ve por Santa Fe Canal–. La asistencia de dirección es de Julia Medina; Ana Kowalczyk fue la ayudante de dirección; Fernando Romero De Toma, el sonido directo; la mezcla de sonido estuvo a cargo de Santiago Zecca; la música y gráfica pertenecen a Ernesto Yaqüinto; la asesoría fue de Laura Tallano; cámara y montaje de Pablo Romano; la cámara adicional y color de Manuel Besedovsky; la imagen drone de Diego Fidalgo y Nicolás Figge, y el diseño gráfico de Alejandro Bussi.

Por Juan Aguzzi

Editor del diario El Ciudadano, periodista cultural, coautor de La Rosa Trovarina, libro sobre la historia de la Trova Rosarina. Escritura y cine, escritura y música y escritura y un sándwich de queso, con eso digo presente todos los días.

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