La cofradía de los libros viejos

Fotos: Lucía Rubiolo

Estuvieron desde siempre en la ciudad, y son cada vez más. Un paseo a través de espacios que dan forma a una hermandad que, aunque no lo sepa, pelea por la libertad y la esperanza.

Todas las librerías nuevas se parecen, pero las de viejo lo son cada una su manera, me dirá alguien en algún momento, en un arranque a lo Tolstoi. Supongo que tratará de decirme lo mismo que voy a intuir después, cuando vaya conociendo orígenes y recorridos de algunas librerías de viejo de la ciudad: que son como organismos vivos que crecen y a veces mutan. Empiezan como locales pequeños que aparecen en cualquier lugar de la ciudad; si la suerte les es favorable, se consolidan como parte de la geografía urbana. Si la suerte es adversa, en cambio, prescinden del local, aunque no siempre se despiden del todo: muchos se reinventan a través de la venta por internet.

Podrán estar atendidas por una pareja de libreros jóvenes que se lanzaron a la aventura con vocación y su propia biblioteca; por consolidados referentes del sector con más de tres décadas en la actividad; y hasta por antiguos clientes que, casi como los personajes de Jack Black y Todd Louiso en Alta fidelidad, un día se hayan pasado al otro lado del mostrador. Habrá las que tengan estantes repletos de viejas revistas —El Gráfico y Sólo Fútbol, las Anteojito y las Billiken, Skorpio, Cimoc, Fierro o El Péndulo—; las que prescindan de la literatura pasatista o la autoayuda para enfocarse en contenido humanístico; las que atesoren viejas enciclopedias y las que las rechacen porque hoy todo se resuelve en Wikipedia.

El perfil de una librería de viejo es, quizás, algo que se constituye a través del tiempo. No influyen sólo el gusto y la intuición de los libreros, sino también el azar y los avatares de otras vidas: las de sus clientes. Las separaciones, mudanzas, viajes y muertes van conformando, con sus huellas y sus restos, parte del rasgo que caracteriza una librería. Al fin y al cabo están hechas de libros con múltiples pasados.

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