Los espacios de la simulación compartida

Atípicas en un paisaje urbano gobernado por lo práctico, y apasionantes por lo que proponen y proyectan, las salas teatrales se plantan en las ciudades como campos donde los cuerpos entran en juego para encender la pasión.

A total contracorriente, y como es el arte más cercano a cualquier mortal (junto con la música), manoteamos espectadores, y manejamos emociones que aún no se definen. Sabemos poco de tradición. A algunos no les interesa el teatro pero están; a otros no les importa. Tenemos motivos válidos para hacer esto, y tenemos de los otros, también. Invitamos gente hasta el hartazgo, y dudamos siempre de que vengan. Podemos hacer magia colectiva e individualmente; pero hay magia y magia. Provocamos quejas nuestras y ajenas. Lo partidario nos usa cuando le conviene, pero usan técnicas teatrales para su luz pública. En Buenos Aires es otra cosa, dicen algunos. En Rosario qué onda, preguntan siempre en Buenos Aires. Nos vemos poco y mucho a la vez. Nos conocemos en el desconocimiento. Todos tenemos algo incómodo, y ninguno sabe qué sería si no fuera esto (aunque sea lo que es).

En el medio del teatro, están el cine y la televisión. La brutal y deslumbrante penetración del cine, la televisión, la tecnología audiovisual toda, se hizo eje (desde hace más de un siglo, y va por más) sobre la idealización, figura y sentido del actor y del teatro mismo. Así el actor es no sólo gestor artístico, sino medio social de compra y venta, y vara moral. Entre los prejuicios y los entrecruzamientos sobre lo chato de la actuación televisiva y la nobleza del teatro (con su techo en el cine), es el aparente y evidente a la vez recorrido inevitable que el actor debe emprender, no sólo para comer, sino para ser ese actor que tenía en la cabeza, muchos años atrás, a la hora de anotarse en ese taller de actuación, los miércoles a las 19, en ese teatro de la calle San Juan, donde las ofertas teatrales de aprendizaje son más baratas que en el de la calle Salta, donde hacen un teatro que por entonces le parecía raro, y con alguien que lo dictaba pero que no sabía su nombre.

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