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Barullo en papel Historias de acá

Imágenes de una ciudad remota

El fotógrafo alemán George Alfeld publicó en 1866 un memorable álbum de fotos del Rosario, que registra una época tan lejana como intensa de la vida de la futura urbe.

Una ciudad trashumante, o metafórica, se insinúa así en el texto vivo de la ciudad planificada y legible (…) La vista en perspectiva y la vista en prospectiva constituyen la doble proyección de un pasado opaco y de un futuro incierto en una superficie que puede tratarse. Inauguran (¿desde el siglo XVI?) la transformación del hecho urbano en concepto de ciudad.

Michel de Certeau, La invención de lo cotidiano

A mediados del siglo XIX, un día soleado cerca del mediodía, George Alfeld afirmó sus pies en la esquina de las calles Córdoba y Comercio, preparó lentamente su cámara e inició la ceremonia fotográfica. Los transeúntes y vecinos posaron pacientemente durante los largos minutos que exigía la exposición. La elección de la toma no fue casual: el punto de fuga potencia la perspectiva. El final de la acera no se percibe, la ochava de la esquina tampoco, el final de calle, como la ciudad misma, es percibido como “extensa y continúa” (1). Precisamente en 1866, este fotógrafo alemán publicó un álbum con vistas urbanas que fue editado bajo el nombre Recuerdos de Rosario de Santa Fe (2), aunque es más conocido como el Álbum de Alfeld.

A fines de 1850 se presenció la irrupción de la fotografía sobre papel, cuyo abaratamiento en la técnica facilitó la oferta de álbumes de vistas. En consecuencia, diversos fotógrafos establecidos en distintos lugares del país editaron álbumes para difundir ciudades, villorrios o parajes, una práctica llevada a cabo por sus colegas alrededor del mundo, como parte del objetivo general de la empresa fotográfica: documentar el mundo en imágenes.

Vista desde barranca del antiguo depósito de la Aduana.
Vista desde barranca del antiguo depósito de la Aduana. Fotos digitalizadas por Paulina Scheitlin/Museo Marc

La obra tuvo un contexto de producción: las profundas transformaciones sociales y económicas ocurridas en la segunda mitad del siglo XIX, cambios que se convirtieron en las particulares condiciones a partir de las cuales el autor desarrolló un recorrido o viaje fotográfico por la ciudad donde propuso una visión global de la misma a través de la construcción de un itinerario. Muchas de sus 31 imágenes servirán para mostrar la creación misma de la vida urbana en la ciudad puerto de 1860. 

La aldea devenida en ciudad

Rosario fue convertida en “Ilustre y Fiel Villa” en 1823 y se elevó a la categoría de ciudad en agosto de 1852, sin improntas coloniales. Este espacio se destaca de otras poblaciones argentinas por carecer de una tradición de conquistadores y linajes. Tuvo que esperar al triunfo de Urquiza sobre Rosas para adquirir notoriedad y prestigio. Las actividades impulsadas por el gobierno de Paraná indujeron el crecimiento del puerto de la Confederación. La nueva configuración regional de la década del 50 fue definitoria para ubicar a Rosario como nexo integrador entre las provincias confederadas y la ascendente Buenos Aires, y también entre un mercado interno en acelerada formación y el mercado mundial. En este contexto, la ciudad se consolidó como una de las economías urbanas más dinámicas del país (3). El ejido fue cambiando de semblante de la mano del crecimiento demográfico y de las actividades comerciales que lo convirtieron en nudo de caminos terrestres y fluviales. Los datos censales arrojan cifras que permiten observar el extraordinario incremento poblacional, 4.000 habitantes en 1852, 9.780 en 1858, pasando a tener 23.169 en 1869. A las primeras oleadas inmigratorias de ultramar se sumaron otras de provincias del interior.

Plaza 25 de Mayo, casa municipal parroquial e iglesia matriz, columna a la Constitución
Plaza 25 de Mayo, casa municipal parroquial e iglesia matriz, columna a la Constitución Fotos digitalizadas por Paulina Scheitlin/Museo Marc

En 1853 se realizó el primer bosquejo de las calles fruto de la iniciativa de Timoteo Guillón. En el improvisado mapa –que solo comprende siete manzanas de norte a sur y le corresponden seis de este a oeste– podemos observar la primigenia nomenclatura de las calles, que alcanzaban el actual radio céntrico. Puerto, Comercio, Aduana, Progreso, Mensajerías, Córdoba, Urquiza, Libertad, entre otras, eran las denominaciones y apelativos elegidos para designar a las principales arterias. Las mismas daban cuenta de las actividades fundantes y fundamentales del área en consonancia con el proyecto de desarrollo confederal, y posteriormente, el del Estado “nacional” (4). 

En la década del 60 se produjo la instalación del gobierno municipal, y los cambios urbanísticos y comunicacionales se fortalecieron a partir de la construcción del Ferrocarril Central Argentino (1863-70), al mismo tiempo que se realizó un leve mejoramiento de las calzadas y aceras por medio del empedrado y los adoquines. Las casas modernas de arquitectura italianizante comenzaron a distinguirse en las calles, junto con las barracas de frutos del país, y el trajinar de las carretas de mulas que transportaban mercancías a una extensa geografía que incluía a las provincias andinas, Cuyo y el Noroeste. Complementarias de estas medidas fue la aparición del periódico La Confederación, así como la creación de distintos espacios asociativos que cubrían necesidades de asistencia, socorro mutuo y beneficencia.

Plaza del Mercado desde calle Puerto (hoy San Martín y San Luis).
Plaza del Mercado desde calle Puerto (hoy San Martín y San Luis). Fotos digitalizadas por Paulina Scheitlin/Museo Marc

En ese contexto, a medida que aumentaba la importancia de la ciudad como centro económico y comercial aparece toda una serie de narraciones escritas e imágenes (litografías, grabados, fotografías) de distintos artistas y viajeros interesados en conocer y describir el paisaje, la hospitalidad de los residentes y sobre todo relevar las actividades productivas, los caminos y rutas fluviales. En esas obras se inscriben y elaboran itinerarios, significaciones y percepciones de una cultura urbana de la que son a la vez autores y partícipes. De esta manera, casi como escudriñando las innovaciones mencionadas, las primeras imágenes de la ciudad aparecen en los años 50 y se intensifican en la década siguiente.

Farmacia del Aguila, calle Puerto (hoy San Martín entre Córdoba y Rioja)
Farmacia del Aguila, calle Puerto (hoy San Martín entre Córdoba y Rioja). Fotos digitalizadas por Paulina Scheitlin/Museo Marc

Alfeld y su máquina solar

Lo que sabemos de George Alfeld es delgado y fragmentario. Nació en Alemania en 1834, donde aprendió su oficio. Probablemente se trasladó a nuestro país atraído por los beneficios comerciales que habían obtenido en el río de la Plata otros fotógrafos europeos, sobre todo a través de la práctica del retrato. En Rosario se desempeñó como fotógrafo en distintos locales de su propiedad, al mismo tiempo que desarrolló otros emprendimientos comerciales que lo vincularon directamente con los círculos de sociabilidad masculina de la época, especialmente con dirigentes políticos, comerciantes y viajeros. Según cuenta Wladimir Mikielievich, en 1869 era dueño del café, salón de billares y de juegos de bolos Casino de la Bolsa, el más conocido de esos espacios de encuentro (5).

Por aquellos años, produjo retratos de Leandro Gómez (comandante militar de Paysandú), Bartolomé Mitre, Luis Lamas, Evaristo Carriego, Estanislao López y Vicente (Chacho) Peñaloza. Además de fotografiar a soldados que partieron a la Guerra del Paraguay.

En 1868 anunció haber comprado una “máquina solar” que le permitía hacer retratos en tamaño natural. También informaba tener en venta “interesante regalo para mandar a Europa: vistas del Rosario en tarjetas y en tamaño grande”. Este parece haber sido el destino final del álbum, documentar la ciudad, con la intención de poder comercializarlo en nuestro país y fuera de él. Alfeld fue un fotógrafo, editor y comerciante (o todo a la vez).

En el censo nacional de 1869 figura residiendo en Rosario con 35 años de edad. Sin embargo su estancia finaliza en 1882 cuando abandonó la ciudad para cubrir un cargo docente en el Colegio Nacional de La Rioja. A partir de este momento se pierde toda noticia de su vida y de su actividad fotográfica.

Calle Puerto (hoy San Martín, entre Rioja y Santa Fe)
Calle Puerto (hoy San Martín, entre Rioja y Santa Fe). Fotos digitalizadas por Paulina Scheitlin/Museo Marc

“Recuerdos del Rosario” y el montaje de la ciudad

Este álbum es su trabajo más significativo y el primero del que se tiene noticia sobre la ciudad y su espacio circundante. Exhibe en su portada la frase: “Recuerdos del Rosario” y en su primera hoja, impreso en tipografía: “Recuerdos del Rosario de Santa Fe – República Argentina – Por G. H. Alfeld – Fotógrafo – Plaza 25 de Mayo Nº 42 – 1866”. El título hace alusión a la ciudad referenciándola al territorio provincial, señalando también al país, en función de su circulación o venta en el exterior y también el lugar dónde podía adquirirse o comercializarse.

Pero creemos que las breves palabras en la portada del álbum remiten, además, a otras connotaciones. El mismo, como otros álbumes de vistas, aparece enmarcado con la palabra “Recuerdos”, señalando una de las características definitorias del arte fotográfico, su carácter nostálgico y documental. Este signo evocativo de las imágenes trasunta en el atractivo que reside en su capacidad técnica de suspender el tiempo y centrar el espacio en un instante detenido para siempre. Así se alude a la construcción de una memoria social de un espacio y de un lugar determinado (Rosario, 1866), un compendio de lo que es necesario observar y conservar.

Esquina Puerto (hoy San Martín y San Luis)
Esquina Puerto (hoy San Martín y San Luis). Fotos digitalizadas por Paulina Scheitlin/Museo Marc

Las fotografías nos ofrecen vistas panorámicas del río Paraná desde la barranca, de los bergantines en el muelle, de la aduana con su depósito. Otras se refieren al transitar citadino y sus postales: las calles obstruidas por carretas, las actividades comerciales, las mensajerías, el mercado y su plaza, los espacios de sociabilidad. Alfeld se encargó de desarrollar una visión de conjunto que no dejó de lado ninguno de los elementos que hacían posible el crecimiento y la notoriedad de la urbe.

El itinerario construido está marcado, en primer lugar, por el puerto (con seis tomas), posteriormente la Plaza 25 de Mayo (tres), el mercado (dos), los establecimientos bancarios (dos) y la calle del Puerto (cinco). Así, el número mayor de imágenes se detiene en estos lugares, cerrando con una visión cartográfica: la ciudad según el plano del ingeniero Nicolás Grondona. El espacio público es representado en tres dimensiones representativas y contrastantes. En primer lugar las fotografías panorámicas (las imágenes del puerto), luego las vistas que muestran la ciudad al ras del suelo y corresponden a fotografías de las calles más transitadas, y finalmente el plano de la ciudad de 1858. Alfeld reitera una ciudad según Grondona, se detiene en cada uno de los lugares que aparecen en las litografías del plano (las mensajerías, el puerto, el mercado, el teatro) y cierra con una imagen del plano mismo. En él aparecen bosquejadas más de 250 manzanas, muchísimo más que lo edificado realmente.

Así, las imágenes dan cuenta del puerto como garante de las condiciones de progreso e hito comunicacional, la plaza 25 de Mayo señala el origen, la significación del poder civil y eclesiástico, su estatuaria cívica. Luego aparecen el mercado y los bancos denotando el foco de las actividades de intercambio, la dinámica de la ciudad que crecía aceleradamente. Allí se observa la importancia y centralidad de la actual calle San Martín (Puerto).

Por otra parte, el convento histórico de San Lorenzo y el tendido del ferrocarril sobre el río Carcarañá parecen ser tan rosarinos como la iglesia matriz. Sin duda Alfeld pensó en una ciudad-región ampliada. Rosario, ¿sería tributaria de la región contigua o a la inversa, el desarrollo económico y demográfico se explicaría por una virtud inherente a la propia ciudad, la cual irradiaba en su amplio territorio las virtudes y beneficios de su desarrollo?

Asimismo una ausencia es singular: las imágenes dan cuenta de una pared urbana que se manifiesta en continuidad, sin demasiados resabios marcados de pobreza o ruralidad. Sin embargo, a pesar de los cambios mencionados, al momento de realizar las imágenes la ciudad se extendía en una pequeña geografía que se aglutinaba en sesenta manzanas, y en este panorama los ranchos y baldíos eran parte del paisaje habitual. El censo de 1869 da cuenta en porcentajes similares de casas de mampostería y de barro y paja.

Este inventario puede observarse como un gesto que marca y limita lo que “debe” ser conocido de la ciudad, imponiendo un orden a lo real a través de una práctica clasificatoria. Estas imágenes constituyen una representación del emplazamiento, un cuadro de la vida urbana y las prácticas sociales.

Desde 1862 se mencionó el nombre de Rosario como posible capital de la República. En ese contexto, la clase política local se preocupó por remarcar las potencialidades de la ciudad y el designio de convertirla en protagonista a nivel nacional. Quizá el álbum es un encargo de un personaje expectable de la ciudad o simplemente una astucia publicitaria de su autor que vio ante sus ojos una ciudad que mutaba sus ropajes. Esta necesidad de protagonismo se evidenció no solo en la difusión de las bondades naturales y artificiales del espacio, sino además en “la necesidad de dar forma urbana en todos sus niveles”. Por ende, cuando el espacio rosarino necesitaba fomentar sus nuevas ventajas e adquisiciones y aparecían imperativos de una visión proyectiva, Alfeld edifica un relato mediante vistas de la ciudad que permite promocionar estas transformaciones y, al mismo tiempo, construir las matrices de codificación y transformación simbólica y real de lo urbano, en tanto realidad social y cultural. Este relato de un recorrido urbano se convierte así en una herramienta privilegiada que conjuga observación empírica y especulación, y cierra en una visión proyectiva donde se hacía pública una argumentación que se sostiene a partir de imágenes fotográficas.


(1) Véase Dócola, Silvia y  Pampinella, Silvia (1995), Imágenes de la ciudad y el río 1850-1910, en A&P 10, Rosario.     

(2) Alfeld, G. Recuerdos del Rosario de Santa Fe, 1866. Archivo y Biblioteca del Museo Histórico Provincial Dr. Julio Marc, Rosario.

(3) Para un análisis contextual de este proceso, véase Fernández, Sandra y Videla, Oscar La evolución económica rosarina durante el desarrollo agroexportador, en Falcón, Ricardo y Stanley, Miriam-directores-Historia de Rosario, Homo Sapiens, Rosario, 2001, Videla, Oscar (2010) Rosario bajo la mirada de los viajeros de mediados del siglo XIX, en Marta S. Bonaudo –directora– Imaginarios y prácticas de un orden burgués, Rosario, 1850-1930, De lo “nacional” a lo local, Prohistoria Ediciones, Rosario.

(4) Sonzogni, Elida, Recorridos e itinerarios como vehículos en la construcción de identidades urbanas, Estudios del ISHiR, Año 7, Número 18, 2017. (5) Mikielievich, Wladimir, El álbum de Alfeld, en: Revista de Historia de Rosario, Año VI, N°15, Rosario, 1968.

El archivo fotográfico del Museo Marc

Por Pablo Montini, director del Museo Histórico Provincial de Rosario “Dr. Julio Marc”.

En 1939, con la inauguración del Museo Histórico Provincial de Rosario se activa la primera noción de patrimonio en la ciudad, una forma de construir el tiempo que se mostraba en sus propiedades básicas: apropiación, transmisión y permanencia, siendo el museo y su archivo la forma primordial adoptada para su desarrollo. Precisamente, Julio Marc buscaba transformar el museo en un centro de investigación mediante la formación de un archivo que no solo respaldara a las colecciones sino que también brindara la posibilidad de institucionalizar y profesionalizar la práctica historiográfica. Así, se ocupó por caminos formales e informales de dar prioridad a la recolección de “fuentes”. De esta forma el Museo, apenas inaugurado, ya contaba con más de dos mil documentos, seiscientos libros, folletos, bandos y proclamas editadas por las imprentas del río de la Plata hasta 1826, libros “raros” de América de los siglos XVII, XVIII y XIX y una destacada mapoteca. Con estas acciones Marc terminaría formando el primer archivo histórico de la ciudad con la intención de promover la expansión de los estudios históricos sobre Rosario, basados principalmente en el uso del documento original. En ellos la autenticidad era un valor fundamental, razón por la cual la fotografía, considerando la garantía de verdad que ofrecía este dispositivo mecánico, fue otro de los documentos a tener en cuenta.

Con el archivo fotográfico creado por Marc se puede estudiar la historia de la fotografía en Rosario durante la segunda mitad del siglo XIX con las cartas de visita –formato que dio origen al álbum fotográfico–, los portrait cabinet, las albúminas con vistas urbanas y de tipos y costumbres de los profesionales que pasaron o crearon sus casas comerciales en la ciudad, como el inglés Alexander S. Witcomb, Chute & Brooks, Félix Corte, la Fotografía Inglesa del pintor boliviano Francisco Solano Ortega. Entre ellos, el alemán George H. Alfeld fue uno de los primeros en arribar a la ciudad. En 1863 abrió su estudio sobre la calle Puerto (San Martín), y dos años después lo mudaría sobre la plaza 25 de Mayo, donde permaneció hasta 1869 cuando partió hacia La Rioja. En 1866 editó un álbum de vistas –el primero realizado en una provincia argentina– titulado Recuerdos del Rosario de Santa Fe, cuyos únicos ejemplares conocidos –de distinto formato, encuadernados en la por entonces famosa librería de los Kammerath y con diversa cantidad de fotos que ponen evidencia que se producían a pedido– se encuentran en la colección del museo. La sagacidad de Marc queda otra vez demostrada en este caso: conociendo que el intelectual rosarino Gabriel Carrasco (1854-1908) fue el primer promotor y coleccionista de fotografías de la provincia, se contactó con sus herederos para lograr en donación su colección. Además, su logro se acrecienta no solo porque obtuvo dos álbumes de Alfeld y las copias de éste realizadas por los dos destacados fotógrafos rosarinos de entresiglos Vicente y Santiago Pusso sino también el álbum de enorme valía para la historia del norte de la provincia producido por Carrasco, El Chaco santafesino, de 1887. De esta forma la colección de fotografías del museo se ajustaba a la historia de la ciudad y de la provincia delineada por Marc, donde la etapa considerada fundacional –vinculada a la construcción del Estado y el desarrollo del modelo agroexportador– era registrada en sus aspectos productivos y edilicios para complementar a las piezas que se encontraban en sus salas. Luego de su muerte, cerrando el círculo, el archivo volvía a jerarquizarse con la donación de otro álbum de Alfeld. Esta vez provenía de la familia Aldao, vecina del fotógrafo y propietaria del álbum desde su ejecución en 1866.

Publicado en la ed. impresa #17

Por Gisela Galassi

Profesora en la Escuela de Historia de la Universidad Nacional de Rosario.

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Jorge Isaías es una de las leyendas vivas de la poesía de Rosario, su obra gira en torno a los espacios rurales y a su pueblo, Los Quirquinchos. Marcado a fondo por el gran José Pedroni, también incurre con éxito en la prosa narrativa. Sencillo y campechano, dice: “No puedo escribir de lo que no conozco”.