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Barullo en papel La entrevista

Fontanarrosa: “Es muy difícil hacer humor a favor, el humor siempre es en contra”

La periodista mexicana Yazmín Ross conoció al Negro en un encuentro de historietistas realizado en el país azteca en 1981 y volvió a verlo en Buenos Aires, donde le hizo el reportaje –hasta aquí inédito– que presentamos en estas páginas. “En general busco que mis personajes sean graciosos y expresivos”, le dijo Fontanarrosa. A catorce años de su muerte, esa es la definición de un estilo que perdura, junto a otra frase clave: “Sin la palabra no sabría qué hacer”.

Sin llegar a la celebridad casi insuperable de Mafalda, creada por su compatriota Quino, Roberto “el Negro” Fontanarrosa logró consagrar a su personaje Boogie “el Aceitoso” como el rudo más destacado de la historieta latinoamericana. En dos décadas de acción sobre cuadritos de papel, se ha convertido en todo un símbolo de la insensibilidad que nos rodea. Este dibujante, nacido en la ciudad de Rosario en 1944, posee una abundante obra reunida por Ediciones de La Flor en más de treinta comic books y es uno de los pocos humoristas capaces de llevar a la literatura el talento y la ironía que logra en sus cartones. Creado como una parodia de las series norteamericanas y los duros de Hollywood, Boogie es incapaz de responder a las situaciones que se le presentan con otro recurso que la violencia. La serie es publicada en México por la revista Proceso y en Colombia por el diario Tiempo. Pero el personaje favorito de Fontanarrosa, el que une todas las vetas de su creatividad y cuya difusión fuera de Argentina requeriría traductor simultáneo, es aquel inspirado en las radionovelas de tema gauchesco. Inodoro Pereyra y su fiel perro Mendieta se anotician del mundo y de sus cambios dramáticos a través del paso de merolicos (N. de la R.: charlatán, vendedor ambulante muy conversador en México, según la RAE), mercachifles y celebridades que van de Jacques Cousteau a Jorge Luis Borges, del unicornio azul a los inversionistas asiáticos. En la siguiente entrevista, Fontanarrosa habla de cómo nació el rudo del cómic latinoamericano, cómo ha tenido que ir adaptándose a los cambios de la escenografía mundial y de los elementos que nutren a los humoristas del hemisferio después de los muros derribados.

¿De dónde viene Boogie “el Aceitoso”?

-Boogie nació como una parodia a la época del cine yanqui de los duros. En la revista Hortensia publiqué historietas que tomaban como referencia la guerra de Vietnam, los policiales, las películas de cowboys, los westerns italianos. En mis primeros trabajos los personajes no tenían continuidad. A raíz del impacto que tuvo el filme Harry, el sucio, estamos hablando del año 1972, surgió la idea de crear a Boogie. Si Harry era “el sucio”, Boogie sería “el aceitoso”. El personaje se fue haciendo sobre la marcha, no hubo elaboración previa. Por eso los cambios de estilo se fueron armando conforme se publicaba la historieta. Al principio, Boogie aparecía como un personaje torturado por problemas de la infancia, pero mi intención era simplificarlo. Quedaron de lado las interpretaciones psicologistas de su conducta.

boogie el aceitoso

Si quiero dibujar mujeres lindas, no me salen. No debe interpretarse como un ataque al sexo femenino, sino como un problema técnico, porque en mi dibujo los hombres son tan feos como las mujeres

Negro Fontanarrosa

-Después de la caída del socialismo, muchas cosas han cambiado para los soldados de fortuna. ¿En qué ha cambiado Boogie?

-Boogie puede agotarse como cualquier personaje. En tanto hay violencia, su temática no se terminará, pero puede repetirse fastidiosamente. Por lo tanto, Boogie ha ido cambiando poco a poco su enfoque. En un gran porcentaje de sus tiras, de protagonista ha pasado a ser un testigo, o un espectador preferencial. Vienen tipos y le cuentan cosas a él, cosas que a veces incluyen la violencia y a veces no. Muchas veces son referencias a adelantos tecnológicos o tendencias de la sociedad que nos asombran o descolocan. De tanto en tanto, para no perder el clima de la historieta, golpea a alguien como para mantenerse en estado.

-¿A qué atribuyes que Boogie tenga más éxito en México, en Colombia, que en tu propio país?

-La trascendencia o no del personaje está ligada al medio en el que uno publica sus trabajos. La revista Proceso tiene mucha influencia en México y numerosos lectores. Por otra parte, yo creo que nadie se siente identificado con Boogie, sino que es muy reconocible por lo que nos entregan las series de televisión norteamericanas, el cine y por la propia política de Estados Unidos hacia nuestros países. Boogie logra más repercusión entre el público latinoamericano que entre los europeos, porque tiene una connotación más directa con lo que pasa en la región. 

-¿Cómo afecta el derrumbe del muro y el proclamado fin de los antagonismos a los hacedores de humor político y a tu trabajo en particular?

-La nueva realidad no ha influido demasiado en mí. Acá en Argentina era bastante difícil ver chistes relacionados al Tío Sam, los misiles, la paloma de la paz y todas esas cosas que uno veía casi hasta el hartazgo en los salones internacionales de humor. Por otra parte, de los dos poderes mundiales, el que cayó es el que menos nos tocaba. El otro sigue en pie y es el que más nos influencia. Los problemas siguen siendo más o menos los mismos. Aparecen otros temas con mucha fuerza, como el de la ecología.

-¿En qué medida esa caricatura que se alimentó de los opuestos imperialismo-antiimperialismo, que logró mayor impacto y agudeza cuando tenía que burlar los mecanismos de censura de los gobiernos dictatoriales, puede mantener su eficacia, puede salvarse del rigor coyuntural?

-Yo no comparto la teoría que supone un humor más sutil y penetrante bajo los regímenes totalitarios. Tal vez se logre un cierto nivel de complicidad con el lector que en tiempos de libertad no se consigue por no ser tan necesario. Pero la creatividad se empobrece notablemente, ya que la temática se angosta y se limita. Los trabajos que se salvan del rigor coyuntural son aquellos más abarcadores, referidos a la condición humana. También algunos que tratan, lamentablemente, sobre los problemas derivados de las injusticias clásicas (miseria, hambruna, codicia, guerras).

inodoro

-¿Qué tipo de humor caracteriza a la Argentina de los 90?

-Desde hace ya algún tiempo se hace un humor netamente periodístico y relacionado con el “ahora y aquí” o, a lo sumo, con el “ahora y más allá”. Desde la apertura de los diarios a los humoristas locales, el chiste se produce a partir de la noticia del día o de la semana y pierde vigencia al poco tiempo. Por otra parte con la obligación de publicar un chiste diario, la noticia brinda el tema, de lo contrario habría que rebuscárselas por otra parte con el riesgo de terminar haciendo chistes de náufragos, suicidas o fakires. Por supuesto, si uno tiene el talento de Quino, puede seguir haciendo hermosos chistes reflexivos sobre temas más globales una vez por semana.

-¿Qué haces para que tus personajes no caigan en situaciones repetitivas?

-La actualidad es la que realimenta al humorista. Es muy difícil hacer humor a favor, el humor siempre es en contra y la realidad muestra que hay cada vez más cosas a las cuales oponerse, comenzando por la proliferación de la pobreza.

Inodoro no se puede pasteurizar y Boogie está pasteurizado a propósito, utiliza un español neutro porque hay una intención paródica del cine yanqui

Negro Fontanarrosa

-¿Por qué en tus historietas las mujeres no salen muy favorecidas?

-Si quiero dibujar mujeres lindas, no me salen. No debe interpretarse como un ataque al sexo femenino, sino como un problema técnico, porque en mi dibujo los hombres son tan feos como las mujeres. En general busco que mis personajes sean graciosos y expresivos. Al principio hacía dibujos formales con diálogos cómicos, pero los fui cambiando porque consideraba que eran dos lenguajes distintos, que se contraponían, los dibujos no tenían relación con lo dramático o lo cómico del texto.

-Pareciera que esa unidad entre texto y gráfica está más lograda en la expresividad y en las situaciones que vive Inodoro Pereyra, “el Renegáu”. ¿Te interesaría convertir a Inodoro en un gaucho de exportación?

-Inodoro nunca ha podido salir ni siquiera a Uruguay. Ha habido intentos de publicarlo en el sur de Brasil, pero no resultó. Inodoro es intraducible fuera de la Argentina. Su terminología, el juego de palabras es lo que hace que tenga más repercusión dentro del país. Lo mismo ocurre con otros personajes que retratan la identidad nacional y no se pueden universalizar. Es como si Los agachados de Rius se debieran pasteurizar para salir fuera de México. Inodoro no se puede pasteurizar y Boogie está pasteurizado a propósito, utiliza un español neutro porque hay una intención paródica del cine yanqui. Quino y Mordillo me han sugerido hacer chistes mudos con temas universales, para tener mayor difusión internacional, pero sin la palabra no sabría qué hacer.

La aventura inútil de enchilarse

Por Y. R.

El siguiente es un testimonio sobre «la aventura inútil de enchilarse» que México depara a miles de desprevenidos visitantes extranjeros. Como una víctima más, Fontanarrosa recrea su vivencia personal a través de Best seller un aventurero internacional que estelariza su novela de sátira al mundo del espionaje:

Sobre el costado izquierdo de la mesa se abroquelaban los picantes. Chile escala Mercali cuatro, chile verde, salsa en gránulos de pimienta negra «Serpiente emplumada» sin activar y el infaltable pimentón azul en rama «Implotion» que consumido en dosis mayores de los cinco miligramos puede provocar la ceguera (…) Era el momento de lograr un golpe de efecto con aquella muchacha. Continuaron mirándose. Seller como al descuido llevó su mano hacia el plato donde relucían, amenazadores, los granos de chile escala Mercali cuatro (…) de pronto, como la descarga hirviente y destructora ante el contacto de un cable de alto voltaje, Seller sintió que la lengua se le trituraba. Le parecía que estaba mascando un puñado de brasas incandescentes, la hiel misma de un vientre ácido, el sulfuroso saco al rojo vivo conteniendo la ponzoña de una cobra afiebrada. No se permitió un gesto, un pestañeo (…)  gruesas lágrimas corrieron por el curtido rostro del sirio. Con los guiñapos carbonizados de su lengua, espongiario cubierto de napalm, detectaba las gotas de plomo derretido que se desprendían lentamente desde la emplomadura licuada por el fuego de una de sus muelas (…) el paladar ahora le latía como un corazón más, Seller temía que sus labios reflejaran también hacia el exterior la hinchazón que sentía por dentro, la lengua no parecía caberle dentro de la martirizada boca y todas sus entrañas eran un alarido salvaje.

Una lectora afiebrada

Por Jorge Boccanera

Una periodista de raza que se inició en el oficio a los dieciséis años y a los dieciocho se destacaba en una agencia noticiosa. Intuitiva y estudiosa, lectora afiebrada, su alegría coronaba con nutridas reuniones amigueras.

Nos conocimos en ese México que cobijó al exilio argentino; vivimos largos años allí, en Argentina y Costa Rica. Donde llegábamos, echábamos a andar una especie de taller de notas, colaborando con numerosos medios de América Latina. Aún embarazada, en los 80 le tocó cubrir en Centroamérica un tiempo de guerra. En Honduras logró un notón cuando entrevistó a un hermético jefe de las fuerzas armadas que terminó admitiendo el apoyo de su gobierno a los mercenarios de la “Contra” que combatían al sandinismo. Apenas un botón, de sus muchos y buenos trabajos.

Viviendo aquí hizo amistad con muchos periodistas como Stella Calloni y Horacio Verbitsky.

Al Negro lo conocimos en 1981 en México; invitado a un encuentro de historietistas y al rato estábamos jugando un picado. Queríamos convencerlo de que Inodoro Pereyra debía circular en el país azteca, él aducía que no se iba a entender, que era demasiado localista.

Creo que teníamos razón, los productos buenos, como El Chavo del Ocho, se entienden en cualquier parte. Unos años después Yazmín entrevistó al Negro en Buenos Aires.

Publicado en la ed. impresa #15

Por Yazmín Ross

Nació en México en 1959 y falleció en Costa Rica en 2017. Realizó una amplia cobertura periodística en una convulsionada Centroamérica. Fue corresponsal en Argentina de la agencia Notimex y colaboradora de numerosos medios de América Latina como La Jornada y Proceso (México), Brecha (Uruguay) y El Espectador (Colombia). En 1999 el sello Alfaguara publicó su novela “La flota negra” y en 2003 el ensayo histórico “La pasión por el Caribe”. Es autora, además, de varios libros para niños, como “El tucán y el arcoíris”, “En busca del sapito dorado” y “Narilú y Rubí”, algunos en coautoría con el poeta argentino Jorge Boccanera.

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