El punto Esmirna

Salgo de casa un sábado que me había prometido puertas adentro, un cambio de planes para atrapar la última oportunidad de verla. Al cruzar la plaza Montenegro yendo por San Luis me recibe un  pentágono  de metal vestido por pasacalles, un tanto alejado de la entrada. Puede funcionar como un preludio o un desconcierto para algún que otro distraído porque se funde con facilidad con el paisaje bizarro del centro. Las frases me impactan de diferentes maneras, algunas por precursoras, otras por su valor histórico, un par por su negación de lo inconsciente y excesiva creencia en el yo: “La maternidad no es destino”. “Igual trabajo, igual salario”. “Nuestra historia no es sólo de sumisión, sino también de rebelión”. “Queremos votar”. “Yo aborté”. “Lo que llaman amor es trabajo no pago”. “Basta de falocracia, reivindiquemos el clítoris”. “No nos callamos más”.

De cara a la puerta un ejército de cuerpos espectrales que vienen marchando hacia nosotros recibe a los que entramos. Gigantes carteles realizados en un material traslúcido que flamean a nuestro paso,  fotos en blanco y negro de mujeres de todas las edades en distintas marchas recientes. Espíritus joviales, alegres, vivos. También las hay sufrientes, su cara abarrotada de bronca, el rictus en el instante previo a explotar en un cántico, una demanda, una acusación. Me detengo en la foto de Josefina de Iriondo: Nosotras paramos, 19.10.2016. La tristeza en los tres rostros, miradas al vacío, harapos cuasi teatrales. Una pesadumbre infinita que podría ser de hoy o de hace cien años, o de quinientos.

Al girar el cartel que nos recibe se explica que se trata de una muestra “anfibia”. Siento júbilo al entender que las organizadoras han encontrado esa denominación que yo misma he buscado, que las desobliga de la tiranía del archivo, de la pureza del dato, de la erradicación del mito. Aunque lo que veremos se sustente en archivos y datos, no se aleja del decir y el creer comunes. No deporta la ficción de la experiencia a lo irreal. No pretende ser exhaustiva sino artesanal.  

Seguir leyendo en la ed. impresa #02

Leé las notas completas en la edición impresa. Ver puntos de venta

Deja un comentario