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Barullo en papel Columnas

De barullos y canillitas

A modo de editorial.

El canillita del barrio vivía en la misma cuadra de la calle Valentín Gómez donde nací. Uno de los primeros sonidos que detecté con mi oreja imperfecta fue un golpe en la puerta de ingreso de la casa familiar, a la que sueño de vez en cuando: un tapial bajo, un pequeño parque al frente, un fondo con un limonero real, un terreno de 60 metros donde construí una canchita de fútbol e imaginé goles gloriosos ante un arco desguarnecido mientras gritaba los goles de Central o el Estrella del Norte, un grito en medio de la siesta de mis padres y mi abuela Rosa.

Don Carlos, el vecino, el diariero, tomaba la calle Valentín Gómez y sin dejar de pedalear su bicicleta de color negro con las noticias de ayer, con el brazo derecho tomaba el diario enrollado del canasto de la bici y lo lanzaba, certeramente, hasta la puerta de casa. 

Lo imagino a don Carlos pedaleando a ritmo febril, apurado por la entrega justo a tiempo a sus clientes: uno de ellos era mi viejo, al que nunca llamé Lito, su seudónimo tanguero de gran bailarín de los clubes de la zona, o papá, demasiado amoroso para un pibe de barrio.

El ruido que se escuchaba todas las mañanas que viví allí, la ceremonia de abrir la puerta de entrada, de un color celeste, significaba que había llegado el diario del día. Era como un barullo, acaso una histórica continuidad ahora que nuestra revista llega mensualmente a nuestros nuevos canillas, a nuestros lectores.

Publicado en la ed. impresa #12

Horacio Vargas

Por Horacio Vargas

Periodista, escritor y productor discográfico. He cumplido con lo que sugería José Martí: “Hay tres cosas que cada persona debería hacer durante su vida: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro”. Planté un árbol (en mi casa de calle Valentín Gómez), tuve dos hijos (que continúan el camino; y la mujer de todos los días), escribí siete libros… edité 100 discos de jazz (con BlueArt Records), fundé con Pablo Feldman el diario Rosario/12 hace 29 años, y tengo un Grammy Latino en la biblioteca (ja, puedo pasar a la historia rosarina por ese premio).

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