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Barullo en papel Historias de acá

El Space del futuro

Ubicado en el corazón de Echesortu, fue el principal boliche bailable de la ciudad en la década del ochenta. Llegó a congregar a cuatro mil personas todos los fines de semana. Y los recuerdos no se extinguen.

A mediados de la década del 80 sobraban los dedos de las manos para contar la cantidad de boliches premium que había en Rosario. Había miles en todo el país, pero las grandes puestas en escena, los enormes galpones acondicionados representaban uno o dos en cada provincia. Los casos de Cerebro, en Bariloche, Simbiosis, en Mar del Plata, Molino Rojo, en Córdoba, Keops, en Carlos Paz, eran conocidos por los comentarios de aquellos que iban de viajes de estudio o vacaciones. Space, el principal boliche bailable de la historia rosarina, se sumaría al catálogo de los premium a partir de 1984, según cuenta Droopy Faiola.

“Yo empiezo en 1986, pero originalmente arranca en 1984, en calle Mendoza al 3900, en donde estaba el cine Echesortu, a cargo de José Domina. El dueño y el disc jockey era Pato Praznik, que venía de Buenos Aires. El Pato fue revolucionario al pintarse la cara como un mimo y cumplir la función de animador iniciando algo que marca un antes y un después porque el boliche empieza a ser mucho más divertido.

Droopy era el disc jockey de K6, que funcionaba como competencia de Space. Situado en Oroño y Salta, cumplía con la función de generar aquello que fuera la gran movida rosarina”.

Disco Space Rosario
Ingreso al boliche de Mendoza 3939 que logró concentrar a la juventud de los barrios. Crédito: La Capital

“Venían desde Buenos Aires o los pueblos de la zona a escuchar una banda, al teatro, los bares y los boliches. La esquina de Sarmiento y San Lorenzo quedaba trabada horas enteras por la cantidad de autos que circulaban. Había más de cuarenta mil personas moviéndose en distintos boliches, shows y recitales, multitud generada por una comunicación que nosotros nos encargábamos de publicitar. Y para la época Space era un lujo, un boliche de avanzada que se llenaría de gente, y pese a que Rosario era una ciudad grande sin características de turismo, se había generado una movida turística”.

Ubicado en pleno corazón de Echesortu, Space era el polo máximo de atracción: logró concentrar también a la juventud de los barrios que halló un lugar identificatorio por fuera del centro de la ciudad. Cientos de personas se movilizaban por todo el país en busca de diversión no solo en Space, también en Contrabando o Garage, por ejemplo. Según Droopy iban estrellas de la televisión y el cine como Daniel Fanego, Darío Grandinetti y muchos jugadores de primera división que pasaban la noche en el sector VIP de Space.

“Acá se realizó el lanzamiento de un disco de Charly García, Parte de la religión. Charly vino un día antes e hizo una conferencia de prensa en el pullman, que estaba en el piso de arriba, en los reservados. Vinieron periodistas de Buenos Aires, de los canales 13 y 11, Clarín, La Nación. Charly fue tapa de Clarín y en la foto se lo ve adentro de Space”.

La musicalización era muy variada: se pasaba de un disco de A-ha a uno de Phil Collins, Queen o Virus, y se nutría al público con la novedad. Había variantes en la música, composiciones muy logradas, baladas, lentos, porque hoy, según Droopy, es todo muy plano: o reggaetón o electrónica o trap.

“Antes había rock simbólico, reggae, rock and roll, tecno (que le decíamos marcha), rock nacional, rock latino, muchos rubros con los que la gente se identificaba. Y ahí estaba la habilidad del disc jockey para encontrar el gusto de todos: había que pegarle con el tema frente a cuatro mil personas.

Pero un día este tipo de movida nocturna fue cediendo el lugar a otras formas de relaciones. El que iba a un boliche en las décadas del 80 o 90 lo hacía para encontrarse con amigos y conocer chicas y chicos. Un noviazgo que comenzaba ahí podría ser uno de los tantos matrimonios que, durante el 2021, se encontraron con conocidos de Space en plena etapa de vacunación del Covid, que reúne a gente de la misma edad y que en alguna charla pudieron haber rememorado las doradas décadas de bailes compartidos. Porque nadie iba a la pista solo o entre grupos: la piba bailaba con el pibe sí o sí, o era un quemo”.

“La gente tiene nostalgia más allá de la música, la ropa o la vestimenta. Porque yo digo siempre que en esa época se alinearon los planetas, fue una época dorada del país, llamale sana si te parece porque más adelante aparecieron las drogas y cambió el público y el ánimo también. No te voy a decir que a la salida no se armara alguna trifulca, pero ir al boliche en un momento de la década del 80 era la preparatoria de toda la semana: comprarte ropa, cortarte el pelo, tomarte un trago. Era el boliche adecuado para que la gente se divirtiera y se encontrara como en un club. Los grupos de amigos tenían lugares fijos adentro y si llegabas tarde, te encontrabas igual con tus amigos pese a las cuatro mil personas que había”.

Diego Saro, un asiduo concurrente que vivía en barrio Belgrano, cuenta que entre los jóvenes era un hito el hecho de haber ido a Space, pero la entrada tenía controles de edad y otros más discriminatorios.

“Cuando Space abrió yo era menor todavía. Entré a los 17 con el documento viejo de mi hermano mayor. No entrabas si no estabas vestido de cierta manera y si eras negro, te rebotaban. Siempre con la lupa selectiva del gorila parado en la puerta. Muchas veces nos hemos vuelto a casa porque al Negro Fabián, un amigo, no lo dejaban entrar. En mi caso, cuando lograba entrar, buscaba alguna chica como para tener chances de bailar o confraternizar. La configuración del lugar era impresionante porque si bien en la pista y los alrededores estaba lleno de gente, tenías la parte de lo que habían sido las plateas del cine para distenderte con tus amigos y tomar algo. Fue impresionante ver a ese plato volador deslizándose cerca del techo del boliche. El momento de los haces de luz de láser era el esperado: fulgores verdes que recorrían el largo total con un tema de Dire Straits a todo volumen”.

Personal estable de Space.
Personal estable de Space.

Uno de los tantos eslóganes radiales era: “En el año 2000, todas las discotecas serán como Space”, y Space cierra sus puertas ese mismo año. Las estadísticas marcan que la diversidad musical de la década del 80 fue un récord insuperable para las generaciones siguientes. Las radios FM continúan confirmándolo. Pero la tragedia de Cromañón arrojó más dudas que certezas en el ambiente. Según Droopy, al mes de inaugurado Space, tiraron una bengala y se armó una estampida de gente.

“Hubo mucha gente lastimada, no pasó algo grave, pero fue un anticipo de Cromañón y es a partir de esa tragedia que se empiezan a cerrar los boliches. Vos ibas a bailar a Lennon, a Arrow y si te ponés a pensar, eran trampas mortales. Después de lo Cromañón nos dimos cuenta de dónde estábamos parados, no teníamos ni idea de la magnitud del peligro. Ni Luna tenía sistemas de seguridad y ahí se escuchaba muy buena música, pero ningún boliche tenía la salida de emergencia”.

Droopy trabajó en Space durante quince años hasta que cerró.

“Para mí fue un récord porque pasé muchos años como disc jockey en un lugar que mantuvo un éxito total. Teníamos una convocatoria de un promedio de tres mil a cuatro mil personas por noche. Yo en ese momento no me di cuenta porque siempre lo había tomado como un trabajo, pero con el tiempo entendí que dejé un poco la marca en la ciudad de lo que fui como disc jockey. Pude contarle la experiencia a la gente de los medios, al televidente, que estuve con Charly García y todas las bandas del rock nacional: imaginate estar comiendo con Charly, con Miguel Mateos o Luca Prodan. Fue el toque de la varita mágica de Space la que me llevó al lugar en el que estoy ahora.

Droopy mira fijo al piso y reflexiona. “La gente me pregunta por qué dejaron de existir las discos así. El boliche promovía lo que ahora funciona entre las redes sociales, encontrarte con una persona, mostrarte como eras. Hoy con una foto te mostrás como sos con la persona con la que querés estar. Al mensaje de texto de whatsapp de hoy, antes lo decías personalmente y anotando el teléfono en la mano con una birome. Esperabas los lentos para tener un encuentro distinto, un poco más íntimo. Hoy eso está dentro de una red social. Nuestra frase es: antes éramos pendejos y ahora somos jóvenes, ¿por qué te digo esto? Porque mis viejos a los cuarenta años se sentían demasiado adultos. No salían a ningún lado, no se vestían. Hoy nuestra generación sigue saliendo a bailar o se junta a escuchar música. Nosotros seguimos haciendo la fiesta de Space tres veces al año y juntamos a casi dos mil personas que asisten y se divierten como en aquella época. Porque desde el día en que cerró el boliche, la gente preguntaba cuándo habría un reencuentro. Se eligió un viernes, porque eran muy especiales en la época de Space. Después se armaron otros espectáculos de los 80, pero no somos nosotros. La fiesta de Space es una marca, un DNI, y nuclea tanta fuerza y sentimiento como un equipo de fútbol que no tiene estadio, pero sí hinchada. Nos movemos en forma itinerante, por ahí la hacemos en una discoteca o en un club. Hago una selección de los temas de la época pasando por todas las etapas y décadas y la gente se transporta con las canciones como si estuvieran adentro de Space. Hay un rayo láser parecido al que estaba en el boliche, hay imágenes de la gente bailando en esa época. A veces quisiéramos llevar el plato volador, un ícono del boliche, o las bolas espejadas y otros artefactos que están guardados en un galpón de Domina, pero es mucho trabajo de armado para solo una noche.

La última pregunta a Droopy fue sobre algún recuerdo en especial:

“En mi casa tengo el plato volador, algunos sillones y un montón de recuerdos”.

Publicado en la ed. impresa #17

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