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El cacique Lencina y los calchaquíes

Por Jorge Tomasini Freyre (*)

El historiador Wladimir Mikielievich publicó entre los años 1963/64, en la Revista de Historia de Rosario, un trabajo titulado Orígenes de Rosario. Nuevos documentos vinculados al problema (Nº 3–8). Su propósito era reivindicar, parcialmente, algunos relatos de nuestro primer cronista don Pedro Tuella, publicados en el periódico de Buenos Aires El Telégrafo Mercantil, en sus ediciones de marzo y abril de 1802, que merecieron reparos y promovieron enconadas polémicas entre diversos autores. Entre otras cuestiones se negaba la presencia del cacique Tomás Lencina y los calchaquíes en la etapa inicial del poblamiento de lo que, posteriormente, constituyó el núcleo urbano de Rosario. De igual manera se discutió que los aborígenes hubieran recibido del padre Ambrosio Alzugaray, primer párroco de la Capilla del Curato del Pago de los Arroyos, la imagen de Nuestra Señora de la Concepción en lugar de la del Rosario que estos últimos reclamaban como propia.

Con tales fines Mikielievich reprodujo en su totalidad, con comentarios, la documentación contenida en el Legajo 229 de la Audiencia de Charcas, caratulado “Cartas y Expedientes de los Oficiales Reales de Buenos Aires. Años 1741 a 1758”. Dicho expediente existente en el Archivo de Indias de Sevilla fue promovido para justificar ante el Consejo de Indias la inversión de quinientos pesos, a fin de dotar de ornamentos a la capilla del pueblo de los indios calchaquíes situado por entonces en las márgenes del río Carcarañá. Los documentos transcriptos aclaran fehacientemente puntos dudosos hasta entonces formulados acerca de la presencia de los calchaquíes en lo que luego constituyó la ciudad de Rosario.

En 1729, Tomás Lencina solicitó reducción en el “sitio y paraje que llaman de Romero”, es decir, en terrenos pertenecientes a los descendientes de Luis Romero de Pineda, zona donde está emplazada la parte céntrica de nuestra ciudad. El documento confirma el relato de Tuella vinculado a la presencia de los calchaquíes en Rosario, aproximadamente, desde el año 1725. En marzo de 1730, Bruno Mauricio de Zabala, gobernador del Río de la Plata, ante el aumento de la población blanca, ordena a Lencina trasladar sus tolderías desde el paraje de Romero al Fuerte del Paso del Carcarañá, contraviniendo sus deseos de continuar en el lugar. En enero de 1735, en la ciudad de Santa Fe, ante escribano público y de Cabildo, Lencina acompañado de nueve o diez calchaquíes, declara que quiere ser cristiano, tener pueblo con cura franciscano por doctrinero y Patrona a la Virgen de Nuestra Señora del Rosario, lo mismo que habían tenido en su antigua Capilla del Salado, al norte de Santa Fe y destruida en 1708/09, por aborígenes enemigos. En febrero del mismo año, el cacique reitera sus anteriores solicitudes e insiste en que se le entregue la imagen de Nuestra Señora del Rosario que se venera en la Capilla de los Arroyos. El teniente de gobernador de Santa Fe, Francisco Echagüe y Andía, ante la insistencia del reclamo de Lencina opinó conveniente que los feligreses de los Arroyos cooperaran en la solución del problema cediendo aquélla, aunque legítimo derecho tuviese en su posesión. Posteriormente (1740), se promovió un pleito entre el padre Ambrosio Alzugaray y fray Lucas de Leguizamón, primer doctrinero de los calchaquíes en el Paso del Carcarañá, para determinar, en derecho, si la imagen de Nuestra Señora del Rosario era propiedad de los españoles o de los calchaquíes. Luego de exhaustivas investigaciones concluyó Echagüe que la imagen pertenecía a la familia de los Arias Montiel entregada al doctrinero franciscano por el sargento mayor Ignacio Arias Montiel. Tales investigaciones revelaron definitivamente que luego de la destrucción del asentamiento del Salado Grande, para protección de la imagen se hizo necesario el traslado de oratorio en oratorio, que finalmente fue depositada en la Iglesia Matriz de Santa Fe, y que más tarde fue entregada al padre Alzugaray para ser entronizada en la Capilla de los Arroyos.

Este documento contradice la tradición oral que recoge Tuella donde dice que el cura párroco trocó una imagen de la Concepción por la del Rosario, en posesión de los indios. Por otra vertiente, se negó la presencia y aun la existencia de Francisco de Godoy y su suegro Nicolás Martínez, quienes al frente de un numeroso grupo de familias hispanocriollas migrantes del Pago de Coronda arribaron al Pago de los Arroyos. Años atrás mantuve una entrevista con la prestigiosa historiadora Alcira Marioni Berra, en Coronda, quien me aseguró que sus investigaciones documentadas confirmaban la presencia en Rosario de ese núcleo de pobladores conducidos por Godoy y Martínez, descendientes de los fundadores de la aldea de Coronda. Nicolás Martínez, sucesor de Melchor Martínez, en marzo de 1664 tomó posesión legal de las tierras que había estado poblando y que había permutado a un miembro de la familia de Vera Mujica por tierras que poseía en El Rincón, como descendiente del célebre Antón Martin. En 1720, Nicolás Martínez solicitó autorización al Cabildo de Santa Fe para construir la primera Capilla a expensas propias y de los pobladores. En años sucesivos los aborígenes atacaron continuamente la ciudad de Santa Fe, el Paso de Santo Tomé y sitiaron Coronda, donde existía una precaria defensa armada que no pudo resistir el embate de los enemigos, y en 1725 el Pago de Coronda se hallaba totalmente perdido en manos de los indios.

El despoblamiento se agudizó cuando partieron con las familias unas cuarenta carretas con enseres que pudieron rescatar huyendo hacia el sur, al Pago de los Arroyos, conducidos por Godoy y Martínez, así como el cacique Tomás Lencina y los calchaquíes. Estos últimos, luego de la destrucción de la Reducción del Salado (1708/09) fueron retrocediendo hacia inmediaciones de Santa Fe y el Pago del Paso de Santo Tomé, y por esa época (1720/25), al parecer, habrían establecido sus tolderías en cercanías de la aldea de Coronda manteniendo relaciones pacíficas con sus pobladores. Esta hipótesis explicaría su posterior presencia junto a los corondinos en tierras de los herederos de Romero de Pineda emigrando hacia el Pago de los Arroyos ante el ataque de enemigos comunes. Un mapa del Padre José Quiroga (1749) señala sus tolderías al sur del Pago de Coronda en inmediaciones del actual arroyo Monje. El ícono del sitio se ve acompañado del topónimo “Calchaquí”, lo cual certifica la presencia de esta parcialidad indígena en el Carcarañá luego del traslado ordenado por el gobernador Zavala.

Según las investigaciones de Marioni Berra no se duda de la existencia física de Francisco Godoy. Mencionó que el notable historiador Manuel María Cervera, en sus minuciosas búsquedas documentales, encontró la partida de su casamiento con Micaela Cristal celebrado el 26 de abril de 1704, hija de Nicolás Martínez y María Cristal. Matrimonio que de acuerdo a las investigaciones de Eudoro y Gabriel Carrasco residía en 1734 en la capilla del Rosario. Aclara Marioni Berra, que Godoy y otros pobladores corondinos regresaron a su pago natal en los años de 1748/49 cuando, pacificada la región, se creó la parroquia de Coronda con independencia de los curatos de Santa Fe y Los Arroyos y con jurisdicción desde el río Salado al Carcarañá. De todas maneras, no puede atribuirse a Godoy, Martínez o Lencina la intención de fundar un pueblo, sí denotan los relatos de los autores la presencia de un núcleo fundacional de pobladores en las tierras de los sucesores de Romero de Pineda. Ello coincide con la decisión del Cabildo santafesino en designar en 1725 un alcalde de la Hermandad para el Pago de los Arroyos, y cinco años más tarde en 1730 se concretaba la creación del Curato. Todo ello demuestra una correlación temporal y permanente entre la ocupación humana, la institucionalidad civil y la religiosa.

Formaba parte de ese contingente humano Santiago Montenegro, arribado desde Santa Fe al Pago de los Arroyos en 1724, casado con Bernabé Farías, nieta de Antonio Ludueña, anterior poblador establecido en inmediaciones del arroyo Salinas con poblaciones y ganados. Como lo certifican los documentos mencionados por Alberto Montes, esta familia y sus descendientes constituyeron un núcleo importante de pobladores, junto a las familias de los Galloso, Acevedo, Frías, Villarruel, Venegas, Farías, Martínez, Gómez Recio y otras. Santiago Montenegro, alcalde de la Hermandad y mayordomo de la capilla de Gómez Recio que se hallaba en ruinas, construyó un nuevo edificio en el mismo sitio y en 1757 donó el terreno y el edificio de la Iglesia parroquial en el lugar donde hoy se erige la Iglesia Catedral. Señaló la plaza, libró las calles laterales y vendió los primeros solares urbanos que, según Augusto Fernández Díaz, puede considerarse como el año de la fundación del pueblo de Rosario. En definitiva, bien dice Mikielievich que el criterio menos avisado aconseja no dar por canceladas las noticias de Tuella. La reproducción íntegra de los documentos que comenta en las primeras ediciones de la Revista de la Sociedad de Historia de Rosario nos permite entrar en detalles que posibilitan confirmar aspectos importantes de la “zarandeada” crónica de nuestro primer historiador.

(*) Miembro Fundador de la Junta de Historia de Rosario, autor de numerosas publicaciones sobre la historia de la ciudad.

Este artículo se reproduce con la autorización de la Junta de Historia de Rosario.

Por Redacción Barullo

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