Videoteca, pasaporte para una cofradía

Foto: 25 mil títulos conserva Videoteca (Sebastián Vargas)

Cómo cayó en ese templo sagrado no lo supo nunca exactamente. O sí, algunas pistas tuvo, comenzando por su amor al cine, y más que amor, supo después, era una entrega al magnetismo que ejercían las imágenes. Lo cierto es que cuando entró a trabajar en Videoteca no sintió que se tratase de un empleo como cualquier otro, atendiendo asuntos que no le interesaban. Al principio se paseaba por los amplios espacios del espectacular –porque él lo veía así: espectacular– local de la calle Cochabamba entre Mitre y Entre Ríos, y su vista recorría los lomos de los VHS (Video Home System, el sistema de grabación y reproducción analógica de video) y se detenía, extraía una cajita de la hilera de las estanterías y se quedaba absorto leyendo la sinopsis. De ese trance lo sacaba Carlos Perrone, el fundador, cuando le  pedía que llevara algunas películas y las acomodara según un riguroso catálogo por géneros y directores.

Así cuenta Gustavo G., figura de larga data tras el mostrador de Videoteca, su llegada a ese sitio que prometía el paraíso. Fabián, uno de sus compañeros, le había contado sobre la génesis del lugar. Le dijo que había sido un anexo de Audioteca, allí en la esquina de Cochabamba y Sarmiento, y que la idea inicial había sido proveer de material a los compradores de los equipos de video de esa época, cuando no existía aún el videoclub como actividad. Era 1983 y la vuelta a la democracia traía los primeros reproductores para grabar programación televisiva y apenas pasó eso aparecieron sellos editores que compraron derechos de películas para comercializar. Hubo una etapa intermedia –le contó–,  donde no había películas distribuidas legalmente, entonces quien se asociaba a Videoteca debía traer un video virgen como cuota de ingreso. Y poco después comenzaron a alquilarse las primeras películas de editoras como AVH, -una pionera que ofrecía los éxitos contemporáneos de Hollywood-, Gativideo -con cine más elaborado- y Época, con clásicos artísticos, una panacea para un público ávido luego de la férrea censura que impusieron los golpistas en 1976.

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Fabián Del Pozo / Foto: Sebastián Vargas

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