Por Eduardo Valverde
a Jorge Isaías (i.m.)
El lagrimal de la Pampa Gringa
se comió la espalda del invierno.
Llamaron a silencio entre las mesas
del bar de Dorrego y 9 de Julio,
y los mozos trasquilan la borra del café.
Se vio a Carlino, Vecchioli y Pedroni,
con chambergo y entre los surcos,
expurgar sus bolsillos para despedir al vate
que dibujaba el día en Los Quirquinchos,
con su bigote generoso y humeante.
Arrebujado en un recodo del Paraná,
Juanele sacudió el limo del tiempo
empuñando una vara de sauce:
con ella trazó el perfil de una cachimba,
entre las hebras de tabaco y de sombra.
Se había hecho de noche en las perdices
y chorreaba por los belfos la piel del dolor.
Nadie ajustó montura en las anécdotas,
se arremolinó el polvo clausurando esquinas.
La espiga de los versos barnizó las escuelas.
25/08/2023

