A finales de enero falleció mi madre. Cuando me avisaron ella ya estaba en plena agonía y en Madrid había dejado de nevar pero la nieve hecha hielo hacía intransitables las calles. Mi madre iba dejando, inmóvil, la vida en el verano argentino y yo me desplazaba torpe, lento y solitario, por estrechos senderos abiertos…
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