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Siempre es tiempo de no ser cómplices

León Ferrari y Felipe Noe en el Castagnino y San Cristóbal.

En la planta alta del Museo Castagnino + Macro (Pellegrini y Oroño) pueden verse, hasta el 1º de septiembre, dos muestras de figuras clave del arte argentino: León Ferrari. Prosa política, curada por Georgina Ricci, y Noé. Mirada prospectiva (1957-2017) curada por Cecilia Ivanchevich.

Al entrar al Museo nos encontramos frente a La civilización occidental y cristiana (1965) de Ferrari (Buenos Aires 1920- 013), un montaje de un Cristo de santería crucificado y una reproducción de un avión de combate estadounidense. Esta potente obra-manifiesto partió aguas desde su realización y nos sigue interpelando hasta nuestros días. A mediados de los años sesenta, a instancias de la invitación de Jorge Romero Brest para exponer en el Instituto Di Tella, Ferrari decide hacer un viraje en su producción artística habitual y tomar posición respecto a los duros acontecimientos de su tiempo. Mientras realizaba esta obra mantuvo asidua correspondencia con su amigo Rafael Alberti, quien le escribe:  “Comparto tu furia antiyanqui (…) lo de Vietnam es asqueroso. ¿Quién puede callarse?”. Y, efectivamente, decide no callarse y reimaginar las relaciones del arte con los significados. Frente a la ideología burguesa del arte autónomo propone prácticas que abordan las tensiones entre lo poético y lo político, entre la estética y la ética.

En 2005, la editorial Siglo XXI publica el libro Prosa política, que compila un cuerpo importante de intervenciones públicas de Ferrari en diversos debates. La muestra homónima, curada por Ricci y basada en su investigación junto a Yanina Bossus, Nadia Insaurralde y Andrea Wain, todas integrantes del equipo Castagnino + Macro, retoma ese corpus y lo pone en diálogo con las obras del artista que pertenecen al acervo del Museo. El proyecto curatorial sustenta que “las palabras del artista, los artículos de prensa y los documentos históricos presentados restituyen la complejidad del programa estético y ético de León Ferrari”.

En 1965 Ferrari responde con una carta pública a un crítico de arte que descalifica sus obras por la temática abordada y asevera: “Lo único que le pido al arte es que me ayude a decir lo que pienso con la mayor claridad posible, a inventar signos plásticos y críticos que me permitan con la mayor eficacia condenar la barbarie de Occidente”. En esa dirección y en el marco de las redefiniciones del sentido de la práctica del arte en relación con la sociedad surgió el colectivo que realizó Tucumán arde(1968), del que Ferrari formó parte. Entendida en esos términos la producción artística implica tomar posición, reflexionar, experimentar, fundamentar y confrontar con la cultura hegemónica, acciones que Ferrari sostuvo, según Noé Jitrik, “a puro vigor de tinta, pluma, pincel, tela, papel”, hasta el final de sus días.

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La muestra comprende distintos momentos del extenso itinerario del autor donde éste apela a la palabra pública, al encuentro entre imágenes y textos y a la experimentación con materiales desconocidos o no sancionados, fotocopias, heliografías, módulos de Letraset, excremento de animal, la intervención sobre reproducciones de obras consagradas del mal denominado “arte universal”, entre otros. León Ferrari detecta en los valores proclamados por la civilización occidental y cristiana la idea de una “crueldad justa, merecido castigo a paganos e impíos: diluvios, Sodoma, primogénitos egipcios, Jericó, Apocalipsis, Juicios Finales, infiernos”. Cuestiona la religión como fundamento de la violencia y denuncia su androcentrismo, misoginia, homofobia, naturalización de lo atroz e intromisión en los derechos ciudadanos a la educación sexual y al aborto legal; de ahí sus reiterados homenajes a Eva, “aquella muchacha rebelde que nos libró de la castidad”, su “desagravio al preservativo” y su lucha por la anulación del Juicio Final y en contra del Infierno para la que forma el Club de Impíos Herejes Apóstatas Blasfemos Ateos Paganos Agnósticos e Infieles (Cihabapai).  “Uso la estética para cuestionar la cultura de Occidente”, remarcaba.

Ferrari percibe una continuidad entre la Inquisición, las Cruzadas, la Conquista y el Proceso llevado adelante por la cruenta dictadura cívico-militar-clerical (Argentina 1976-1983), encontrando una concepción afín entre el Infierno y los campos de concentración, entrecruzamientos que aparecen en los collages que realiza para la reedición del Nunca más(Página/12 y Eudeba, 1995, 30 fascículos) exhibidas en la muestra.

Ferrari fue un entrañable amigo y compañero de ruta de Luis Felipe Noé (Buenos Aires, 1933), artista que también ha dado una impronta latinoamericanista y un sentido de compromiso, tiempo y lugar a sus prácticas. En la muestra Noé. Mirada prospectiva (1957-2017) se encuentran exhibidos los libros de su autoría, entre ellos Antiestética(1965), Una sociedad colonial avanzada(1971) y Noescritos, sobre eso que se llama arte (2007), obras que han marcado las ideas estéticas de generaciones de artistas latinoamericanos. Como señala Cecilia Ivanchevich, desde su AntiestéticaNoé “expresó la necesidad de asumir el caos, no en oposición al orden, sino como una nueva dinámica de un mundo en cambio permanente”. La curadora reunió un cuerpo de obras del artista realizadas entre 1957 y 2017. La propuesta curatorial no se sustenta en un criterio cronológico, sino a partir de tres claves de lectura: la conciencia histórica, la visión fragmentada y la línea vital. La provisionalidad de nuestros saberes y certezas, la búsqueda tanteante de identidades no sustanciales, episodios poco visibilizados y altamente conflictivos para los relatos hegemónicos de la historia argentina, el paisaje de nuestra región, las tensiones sociales y estados de la subjetividad atraviesan sus invenciones plásticas, encauzadas en múltiples formatos y materialidades. La potencia de la imagen, el vigor cromático, la vibratilidad de la línea y la elocuencia de la palabra, en sus yuxtaposiciones y entrecruzamientos, caracterizan su “estética del caos”. Pinturas, dibujos, instalaciones y recorridos crean un universo cognitivo, lúdico y sensorial que nos atrapa, seduce, interpela y envuelve. En ese sentido cabe destacar que es una obra que en palabras de la curadora “rompe el hermetismo del que se acusa al arte contemporáneo”.

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El Espacio Multicultural del Grupo San Cristóbal (Italia 646) exhibe la muestra Memoria del presente. 1976-2019, de Noé y Vicente Zito Lema, curada por Natalia Revale y Javier del Olmo. “Toda la vida se reduce cuando alguien en la noche grita mientras otro cierra la ventana”, escribe Zito Lema en Dolor del ayer, dolor de hoy (2016). Los dibujos, objetos, pinturas con sus respectivos títulos de Noé articulados con la palabra poética de Zito Lema logran puntos de combustión en el encuentro de imágenes y textos.

“Hay una MEMORIA del HORROR que NO sucumbe”.

“¿Qué pasará cuando se enteren que EL PODER JAMÁS SERÁ SACIADO?”.

“Habrá que decirlo: el horror siempre alerta retorna… Cuando se entierran por miedo los recuerdos del horror… El olvido no sirve para la vida. El olvido es apenas triste olvido. La historia sigue abierta…”, escribe Vicente Zito Lema.

Como señalan los curadores, resulta fundamental la “construcción permanente de una memoria colectiva, imágenes y palabras del consciente colectivo componiendo una sinfonía sin fin, en un canto urgente a la vida”.

La muestra Pequeña galería de mecanismos anómalos. Serie 1, una obra de Carolina Rimini y Gustavo Galuppo con textos de María Negroni, se exhibe en la sede Macro l(Oroño y el río Paraná). Se trata de la reunión de dos videastas, con los textos de una poeta pensando zonas de la colección de Stilla Mihaly, coleccionista húngara del siglo XIX. Los autores advierten de la “compleja relación entre arte y vida, realidad y representación”. Eligen transitar los senderos por los que los llevan las piezas de un inventario complejo y arbitrario. Proponen un recorrido acudiendo al formato de la casa de muñecas, y de un conjunto de escenas en movimiento que se presentan dentro de marcos antiguos acompañadas por una voz femenina en off. Apelan a la estética del montaje de imágenes en blancos, negros y grises. Revisitando procedimientos de la vanguardia histórica proponen constelaciones conformadas por los golpes y destellos de yuxtaposiciones de elementos que nos son familiares y al mismo tiempo extraños. Dicen los autores: “De ahí el juego entre miniaturas que dialogan en las distancias y cercanías del cine silente, los teatritos de autómatas, las casas de muñecas, el inventario delirante, la palabra esquiva de la poesía, la musicalidad de la herrumbre, y los cuadros vivos abandonados en un museo improbable”. Postulan “un lenguaje insumiso contra la clausura y las formas rígidas que impone siempre el realismo del poder”.

En resumen, cuatro muestras que desde distintas claves estéticas, indagan lenguajes y prácticas que confrontan con la cultura hegemónica y con las imágenes cliché de las sociedades contemporáneas.

Fotos: Sebastián Vargas

Publicado en la ed. impresa #02

Sabina Florio

Por Sabina Florio

Doctora en Humanidades y Artes, profesora y licenciada en Bellas Artes (UNR). Magister universitario en estudios sociales aplicados (Unizar), artista plástica, docente, investigadora, curadora independiente y directora del Centro de Estudios y Creación Artística en Iberoamérica (Cecai/FHyA/UNR).

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