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Barullo semanal

Palabras

De Jorge Fandermole y Adrián Abonizio

La vida suele ser una selva llena de palabras y en ellas nos solemos encontrar, a veces con empatía y certezas, otras con incertidumbres. Escribimos canciones, las interpretamos, pero en ello no hay vanidad, solo agradecimiento.

¿Qué pretendemos? Ningún podio: solo un poco de belleza que nos transforme y nos haga mejores, y tal vez mejore un minuto la vida de quienes nos escuchan sin que por ello sea necesario que se nos recuerde.

Pero nuestro oficio nos ha dejado claro que esos lenguajes, la música y la palabra, están investidos de un enorme poder; tanto puede la palabra sostener certezas universales cercanas a la verdad como falsear íntegramente la realidad del mundo, puede igualmente enfermar o curar, provocar la fascinación o la pesadilla.

En estos tiempos pre electorales hemos asistido a innumerables batallas informativas, con el estupor del espanto y la esperanza de que los mensajes políticos se suavizaran y hemos comprobado que, lejos de atenuarse aún en el disenso, fueron creciendo en violencia e intolerancia sólo en una parte –la más oscura, la oposición- hasta alcanzar dimensiones monstruosas.

Hemos comprobado con claridad y dolor que hay dos caminos posibles en medio de la guerra de ruidos, apotegmas, promesas y hechos reales: de un lado la esperanza, el reconocimiento de errores e inclusive la solicitud de perdón de parte del oficialismo y su voluntad de redención, y del otro, solo el llamado a la muerte, a la destrucción, a la demencia, a lo macabro. Un juego que apunta a degradar y en lo posible confundir, arrear veneno para así obtener la victoria. Nadie es un ángel en política, lo sabemos. Pero hay algunos que vuelan previsibles y otros, se enmascaran y constituyen lo peor del ancho cielo, que dudamos que sea tan real como dicen pero que nos envuelve a todos por igual, evocando la cara del infierno si es que ambas cosas coexistieran…

Nos sentimos humillados ante tanta fiereza, tan tremendo placer por ofender, mentir, ensuciar, provocar y acusarnos hasta de respirar. Tenemos pavor de que se mate, se secuestre, se suprima la vida y la sangre como ocurrió entre 1976 y 1983.

Nos negamos a que la gente acepte ser humillada, degradada y enceguecida por aires de cambio, cuando en el fondo son las sombras de siempre las que aparecen hoy simulando una luz que jamás tuvieron. Tememos que se pierdan los derechos, el respeto y un concepto de Estado como garantía de los derechos laborales y justicia social, salud y educación públicas, y se subestime la fuerza vital de la solidaridad.

Por todo esto y mucho más creemos que Javier Milei, su partido y sus alianzas, encarnan sin tapujos la perversión y el terror; la antipatía y la indiferencia son su verdadera condición, la que muestra, la que ofende, la que humilla. No es una máscara, es su legítima cara, la auténtica y la más pavorosa.

Estamos asistiendo a la emergencia del sustantivo insidioso, del verbo que corta, del calificativo que desgarra; estamos tolerando vergonzosamente en el candidato de LLA dos atributos terminales de la palabra: falsedad y letalidad.

No queremos vivir sin dignidad. Tenemos amigos, familia, hijos, vecinos y gente anónima que no merece ser víctima de los errores de quienes por sentirse enojados o cansados elijan el suicidio político, que es el que ejecuta un pueblo cuando decide contra sus propios intereses y sus propios derechos. Puede ser la última oportunidad de considerarnos una Nación independiente. Llamamos a NO VOTAR A LA LIBERTAD AVANZA.

La vida es sagrada y debemos defenderla con nuestro voto.

El nuestro es indudablemente para Sergio Massa; luego discutiremos lo que sea necesario para que no quede nadie afuera.

Por Redacción Barullo

Proponemos construir un espacio plural donde se mezclen los géneros y las generaciones, con la calidad de los textos como única bandera.

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