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Las huellas de Guevara

¿Qué tiene Rosario para ofrecer sobre la vida del Che? El departamento natal está vedado al acceso del público; el proyecto de ciudadano ilustre post mortem estuvo atravesado por polémicas bizarras; ante la falta de un museo guevarista, la ciudad tiene el Centro de Estudios Latinoamericanos Che Guevara en un subsuelo de un remozado galpón portuario; el escultor de la estatua confiesa que “es fea” y sueña “con robarla para hacerla de nuevo”; una página web sobrevive con un preciso inventario de males guevaristas y hubo un Estado municipal que se propuso convertir a Guevara en un atractivo turístico.

El diseño del edificio es una sentencia: no hay frivolidad, no hay excesos. Gris, sobrio, recto. Son cinco pisos, cincuenta y cinco ventanas y apenas seis macetas con sus flores que salpican la arquitectura neoclásica. La propiedad, en el 480 de la calle Entre Ríos, ciudad de Rosario, polo sojero de la Argentina, respira una calma aristocrática. No hay turbulencias. Nada de barro. Nada de sangre. Nada remite a una revolución. Excepto por un capricho del pasado: en esa coraza de cemento aterciopelado –segundo piso, departamento D– nació, el 14 de junio de 1928, Ernesto Guevara. Sin embargo, el Che, cincuenta y dos años de muerto, de mito, de villano, de fuego, aún combate para que lo incorporen en el inventario oficial de la ciudad.

“El Che nació en Rosario. No debió nacer en Rosario. Nació en Rosario por casualidad. Yo venía desde Caraguatay (Misiones), al norte de Buenos Aires, donde estaba trabajando. Tomamos un barco porque ya Celia estaba por tener al chico. Se me ocurrió bajarme ahí porque andaba en negocios de yerba mate. De pronto, sin saber, sin mayor aviso, vino el Che”. Ernesto Guevara Lynch cuenta en su libro de memorias que así nació Ernesto, el primero de sus ocho hijos, el que fue médico, político, escritor, pero que se hizo un lugar en la historia agitando revoluciones en Cuba, en el África o en Bolivia.

Foto de bebé del Che
“Nació en Rosario por casualidad”. Papá dixit.

Por los vaivenes del azar, por las vacilaciones del destino, Celia de la Serna, madre de Guevara, alumbra en Rosario. Pero no hay museo del Che en esta ciudad. En Alta Gracia o en Neuquén, sí. En Misiones y en Caballito también. En Rosario, no.

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El departamento donde nació y vivió los primeros meses de su vida tiene vedado el acceso al público. El edificio, con sus viviendas particulares, con sus ritos de consorcio –que la basura del 4º E, que los ruidos del 5º C, que la gotera del 3º F–, rechaza convertirse en un santuario… Esta nota está incompleta, leela en su totalidad en la ed. impresa #06.

Mauro Aguilar

Por Mauro Aguilar

Soy periodista, toco el piano en una banda de rock y hago stand up, pero sólo me destaco con una costumbre en peligro de extinción: el asado.

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