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Barullo en papel Columnas

La madre perdida

Cuando la ciudad

aún parecía una ciudad

la gente

se encontraba en los bares

y se miraba entre sí, y no

una pequeña pantalla. Cuando

la ciudad

aún recordaba a una ciudad

los ómnibus surcaban sus calles

y aquellos ómnibus

―de todos colores― llevaban

a los estudiantes

y los trasnochadores, a los trabajadores

y los borrachos. Cuando la ciudad

creía aún en sí misma

las librerías

surgían como hongos

y los cines cerraban

de madrugada. Pero aquella

ciudad, como la primavera

del 83 (y también

la del 73), pasó. Y ahora, la vieja hoguera

de la esperanza

ya no logra iluminarnos. Andamos

perdidos

por las mismas veredas

que una vez nos vieron caminar

confiados. Parecemos

huérfanos, y acaso lo seamos.

Huérfanos del amor

y la revolución, y también

de la ciudad. Madre perdida,

¿nacerás nuevamente? ¿Volverás

a entibiar

nuestro pecho? ¿Nos darás

bares, cines, librerías,

amor? ¿Te escaparás

de la cárcel del pasado, dejarás

de ser memoria

para convertirte en mundootra vez, llena de luz y libertad

para nosotros?

Publicado en la ed. impresa #21

Por Sebastián Riestra

Escritor y periodista. Amo a mis dos hijas, de 24 y 3 años. Tengo muchos más libros y discos de los que podría leer y escuchar en varias vidas, y eso me hace feliz. También me hacen feliz la mujer que quiero, los amigos, el whisky, el ajedrez, el revés de Roger Federer y la fugazza con queso de la Santa María.

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