¿Existe la literatura rosarina?

Foto: Gabi Ballesta

El artículo de una enciclopedia imaginaria diría que Rosario no fue fundada por españoles en el siglo XVI. Que su origen se remonta a algún momento de la segunda mitad del XVIII, cuando una población de lo más diversa comenzó a reunirse en torno de una capilla. Que nació como una urbe tan pujante y moderna que se ganó el mote de la “Chicago argentina”. Que desde siempre convive con la problemática cercanía de Santa Fe y Buenos Aires. Y diría también que ha sido capaz —a pesar de o gracias a todo ello— de construir símbolos que la nombren, de lo más triviales, pero que vienen a conformar algo de lo que se sabe de la ciudad en otras latitudes: el parque Independencia, la Trova rosarina, el Monumento a la Bandera, el Che Guevara, Newell’s y Central, Fito Páez, Lionel Messi, Alberto Olmedo.

Se diría, entonces, que a partir del fenómeno de la Trova Rosario tiene música propia. Que su pintura es reconocible gracias a nombres como los de Manuel Musto, Augusto Schiavoni, Antonio Berni, Leónidas Gambartes o Juan Grela. Que el fútbol es una especie de marca de fábrica. Pero, ¿tiene esta ciudad un lenguaje propio? Hilando más fino: ¿existe una literatura específicamente rosarina? De ser así, ¿qué rasgos tiene y quiénes son sus principales referentes, en el pasado y el presente? Las preguntas se formularon a referentes de la literatura con el fin de abrir el debate y sumar voces e ideas en torno a la propia identidad de la ciudad.

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Fotos escritores: Sebastián Vargas

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