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Cazadores de imágenes

En el espacio virtual hay sitios dedicados a las fotos antiguas como Rosario Antiguo y Fotografías y Estampas del Rosario Antiguo.

Las fotografías tienen movimiento. Están hechas de luz. Y no hay nada más veloz que la luz. Retratan un momento del pasado. Pero no lo fijan, sino que lo hacen dialogar con el presente. Abren una brecha entre el presente y el pasado. Habilitan una zona de misterio, una terra incognita en la que tiempo y espacio funcionan de una manera u otra, y participan de una danza melancólica, como un tango de luces y sombras, un dos por cuatro en el que muertos y vivos se mezclan en un abrazo y le sacan viruta al piso.  

En el espacio virtual, hay sitios dedicados a las fotos antiguas de Rosario como Rosario Antiguo y Fotografías y Estampas del Rosario Antiguo. Estos emprendimientos, verdaderas puertas a otras épocas, no solo ofrecen miles de imágenes de la ciudad, sino también historias, reseñas y referencias precisas de los sitios que las fotos ilustran.

No es París. Es la equina de Córdoba y Corrientes.

La historia gráfica, la tradición oral, la historia de la vida cotidiana se ofrecen en forma de una experiencia colectiva que no deja de crecer, como un universo en constante expansión, gracias al aporte permanente de la gente.

Rosario Antiguo y Fotografías y Estampas del Rosario Antiguo son productos de la vocación de cazadores de imágenes rosarinos, apasionados por la historia de la ciudad.

Jardín de Niños en el parque Independencia, donde había animales pero también un espectáculo circense dentro del predio. 

Mario Brollo, de 40 años, hace más de dos que comenzó con la página Rosario Antiguo, que junto a más de 2.500 imágenes, ofrece un mapa con la geolocalización de cada una. De esta manera la foto, relacionada con el lugar de la ciudad en que fue tomada, se convierte en un sitio de memoria, en una historia en sí misma, una narración visual y un espacio, abierto y habitable, entre el presente y el pasado. Además, de cada lugar, esquina o plaza suelen ofrecerse varias fotos de distintas épocas, con lo cual se percibe la evolución del sitio en la historia.

“Un gran desafío era catalogar las imágenes, ordenarlas de alguna manera, para que no sea caótico, y ubicarlas geográficamente fue una forma de lograrlo”, explicó Brollo, que se inspiró en otros grupos ya existentes en las redes sociales, como por ejemplo Rosario Secreta y Rosario en el recuerdo. Brollo se sintió especialmente inspirado por el emprendimiento de otro apasionado cazador de imágenes, Federico Dunger, de 52 años, que en 2016 creó en Facebook el grupo Fotografías y Estampas del Rosario Antiguo, un paciente trabajo de recopilación, clasificación de imágenes e historias de un Rosario del pasado que se hace presente.

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Autodidactas, esmerados estudiosos de ávidos oídos, lectores atentos pero sin títulos ni formación académica, Brollo y Dunger se sienten deudores de una vieja estirpe de historiadores que se ocuparon de Rosario, como Juan Álvarez (1878-1954), Wladimir Mikielievich (1904-1999) y Miguel Ángel de Marco (h).

El afilador sobre calle Colón frente a la Plaza Bélgica. (1982)

La pasión de Dunger comenzó hace más de treinta años, con una colección de viejos programas de cine de las décadas de 1950 y 1970 heredados del padre. “A partir de allí me interesé por la historia de la ciudad, y en 2002 participé de la Comisión Popular por los 150 años de la declaración de Rosario como ciudad, convocada por Miguel Ángel de Marco (h)”, contó Dunger, que luego comenzó a escribir en la revista dirigida por De Marco (h) Rosario, la fuerza de su historia. Cuando la revista cerró, continuó con su pasión a través de la red social.

Estos cazadores de imágenes pertenecen además a otra estirpe, todavía más antigua: los recopiladores de historias orales. Porque su trabajo, lejos de ser el de coleccionistas individuales y solitarios, es una tarea plural. Sus páginas y grupos virtuales generan realidades bien concretas, tangibles, reales y humanas.

Los buscadores de fotografías coinciden en que los aportes de las entidades públicas y las empresas privadas son escasos, y que resulta fundamental la generosidad y participación de la gente. “La gente no solo aporta imágenes sino también datos que faltan, detalles que tienen en la memoria y que no figuran en ningún libro de historia, que los tienen quienes fueron testigos, los que estuvieron en una determinada ocasión del pasado”, señaló Dunger.

Plaza 25 de Mayo.  Una toma particular desde un balcón de calle Santa Fe.

“A veces se suben fotografías sin referencias de año ni lugar y los datos que faltan se empiezan a descifrar con los aportes de la gente, a veces hay controversias sobre datos, los recuerdos varían, pero se van construyendo colectivamente”, contó Brollo.

Rosario Antiguo” y Fotografías y Estampas del Rosario Antiguo son puertas de acceso a experiencias trascendentes. Algunas, como si fueran viajes en el túnel del tiempo, llevan al pasado. Otras, en cambio, al presente. Y es un presente comunitario, compartido, en el que grupos de personas comparten imágenes, historias, anécdotas y experiencias de vida. Queda atrás el mundo virtual de las redes sociales. Y la gente se reúne, en el viejo sentido del término. Pone el cuerpo en el mundo real. Las personas se juntan a charlar.

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Las fotos disparan recuerdos personales. Son dispositivos de la memoria individual que, al reunirse con otras memorias individuales, conforman la memoria de una comunidad. La pasión de Brollo y Dunger moviliza un trabajo colectivo que construye una historia del común, fuera del canon, tejida con retazos de recuerdos de vecinas y vecinos de la Villa del Rosario.  

“Lo que cuenta la gente en forma de anécdota personal es historia pura. Te dicen, por ejemplo: «Yo veía tocar a la Trova rosarina, pasaba por una ventana y veía ensayar a Lalo de los Santos». Es parte de la historia de la ciudad que está guardada en la mente de nuestra gente”, señaló Brollo.

La melancolía aparece siempre, como añoranza de un pasado perdido, deseado, de una ciudad convertida en fantasmas. “Las añoranzas y melancolías de cada uno tienen que ver con lo vivido. En mi caso extraño vivencias de la vida social de la década de 1980, los años de mi juventud”, contó Dunger.

“Con relación al patrimonio arquitectónico, más que melancolía siento bronca por los edificios de alto valor que tuvo Rosario y fueron demolidos”, agregó el responsable del grupo de Facebook Fotografías y Estampas del Rosario Antiguo.

La bajada Sargento Cabral a principios del siglo XX.

“Es notable cómo las fotografías movilizan los sentimientos de la gente, algunos extrañan especialmente los ferrocarriles, por ejemplo, otros los cines antiguos, otros los edificios, depende de la experiencia de vida de cada uno”, agregó Brollo.

Una foto del pasado hace presente una ausencia. Le da carnadura, realidad y actualidad a un fantasma. O al sueño de un fantasma. La fotografía, poema hecho de luces y sombras, les da peso a seres evanescentes.

Sueños, recuerdos, ausencias, luces y sombras se presentan ante los ojos de quien observa y es llamado por la imagen. La foto es una ventana a un más allá. Observar una foto antigua acerca esa otredad inasible que llamamos pasado.

Toda ciudad está construida a partir de sueños, de proyectos del pasado y del presente (proyectos políticos, luchas, marcas de vida cotidiana en cada calle, en cada esquina). Los sueños de generaciones pasadas y presentes acechan y nos llaman desde cada imagen.

Publicado en la ed. impresa #02

Pablo Bilsky

Por Pablo Bilsky

Trabajo como escritor, periodista y docente de literatura. Me desempeñé en el diario El Ciudadano durante doce años. Actualmente escribo en el diario digital Redacción Rosario y el semanario El Eslabón, producidos por Cooperativa La Masa. Participo como columnista en Radio Universidad y Radio Rebelde. Colaboro con la sección contratapas de Rosario/12. Publiqué la novela Herodes (Yo soy Gilda, 2015), el libro de crónicas China (Baltasara editora, 2018) y el poemario Sfruttatori (Editorial Municipal de Rosario, 2018).

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