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Amargo, obrero y rosarino

El tradicional vermú Amargo Obrero fue una bebida hecha en la ciudad que identificó a anarquistas, comunistas y peronistas. El Concejo la declaró patrimonio cultural y ahora vive una etapa de revitalización a partir del impulso que le dieron emprendedores gastronómicos

¿Cuánto hay de cierto en los rumores que indican que hay en marcha una campaña para lograr que el presidente Alberto Fernández se vuelva fanático del aperitivo rosarino Amargo Obrero? Es peronista. Tiene buen vínculo con Rosario: la acaba de elegir como una de las capitales alternas. Y toma pomelo, todo el mundo lo sabe, si hasta hay una cuenta en Instagram dedicada a recopilar fotos en las que aparece con su bebida preferida. ¿Cuán confiables son los reportes que aseguran que pronto el primer mandatario aparecerá en algún acto oficial con un vaso marrón claro en su mano, que contenga la versión aggiornada que se toma hoy en bares: mitad amargo “nacional y popular” y mitad gaseosa sabor pomelo?

Tras escuchar sobre la movida secreta de boca de un fanático extremo y degustar algunas variaciones de tragos que lo tienen como bebida de corte, Barullo decidió encarar la noble tarea de investigar la historia y el renacer del Amargo Obrero, declarado patrimonio cultural de la ciudad. No, no se trata solo de desentrañar si es un mito la “campaña aperitiva presidencial”. Los hinchas actuales del Amargo Obrero no reconocen una filiación política. Muchos no peronistas también ponen sus fichas en esta posibilidad porque estiman que, de contar con el aval de la Casa Rosada, la bebida rosarina podría llegar a convertirse en embajadora de buena voluntad en bares de todo el mundo. Y nada le gusta más a un rosarino que exportar éxitos.

Foto de la bebida Amargo Obrero

Hay que admitirlo: la decisión de encarar esta investigación se tomó bajo la influencia del alcohol, pero no es una hipótesis tan arriesgada como suena la primera vez que uno la escucha. Desde hace unos años, las ventas del Amargo Obrero crecen a buen ritmo, así lo asegura la empresa que lo comercializa. Y últimamente, la bebida parece estar en todas partes: grandes supermercados y almacenes de barrio, también en espacios con coctelería sofisticada, fondas de pueblo y bodegones tradicionales. Está a un precio tan accesible, en comparación con las otras botellas con las que convive en las góndolas de alcohol, que crisis mediante se estima que las ventas crecerán aún más. Y no se trata solo de tragos. Se ha convertido en materia prima para elaborar platos y postres. Fue protagonista de un video musical. Y con gobiernos peronistas a nivel nacional y provincial, además de un primer mandatario llamativamente fanático del pomelo, gaseosa con la que logra un maridaje de particular éxito, el cielo pareciera ser su único límite.

Todavía hay algunos que no saben que el Amargo Obrero es rosarino. Sí, esta bebida, mezcla de hierbas serranas y litoraleñas con 19 por ciento de graduación alcohólica, es rosarina. “Confundirlo con el fernet es un pecado mortal”, repiten algunos fundamentalistas. Es oscuro, sí, pero más dulce que su primo cordobés. Para rastrear su origen es necesario remontarse a 1887. El Amargo Obrero fue una de las bebidas elaboradas en la fábrica propiedad de Pedro Calatroni, que por ese entonces elaboraba licores y vodka, además de aperitivos, entre ellos el protagonista de esta historia. En 1920, al recibirse de contador, Hércules Tacconi (sí, el que luego le pondría su apellido a los famosos jugos) entraría a la empresa. Hasta ahí, el Amargo Obrero era “uno más”. Al morir Calatroni, Tacconi le compra a la viuda su parte. Nace entonces la Sociedad Anónima Tacconi y Compañía en los años 50. En ese momento es cuando una fuerte campaña de marketing logra imponer al Amargo Obrero como aperitivo “nacional y popular”, comienza a mostrar la bebida en los espacios populares de esa época como canchas de fútbol, bares, bodegones, turf, y lo adopta el peronismo como bebida previa al asado (aunque de arranque, por la hoz y el martillo de su etiqueta se lo asociaba al comunismo y por los colores rojo y negro al anarquismo). “Amargo Obrero, donde te bebo: en su club, su casa o en el bar. El aperitivo más popular”, rezaba una publicidad de aquel entonces, cuando las botellas se vendían a unos treinta centavos, según cuentan los memoriosos.

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Foto del Amargo Obrero y otras bebideas alcohólicas

“En casa se tomaba, nos hicieron probar de chicos, apenas una copita. La fábrica primero estaba en Mendoza y Rodríguez. Después se mudó a calle Paraguay al 400. Ahí ya recuerdo que íbamos a jugar con mi hermana y mis primos, pretendíamos trabajar como lo hacían los grandes. Era un espacio chiquito, un lío, porque entraban camiones gigantes a cargar en pleno centro”, rememora María Delia Tacconi, más conocida como Meme, nieta de Hércules. Gran parte de su familia (padre, tíos, hermana, primos) trabajaron en la compañía. “No hubo mandato familiar, no nos obligaban a nada. Era nuestro lugar, nos sentíamos en casa y creíamos natural continuar ahí”, aclara. “La empresa se sentía como una gran familia, había muchas mujeres obreras que lavaban botellas”, destaca. “Lo que más recuerdo es el olor, en los toneles se maceraban hierbas aromáticas y ese perfume inundaba todo”, asegura, mientras eleva la mirada, perdida en algún recuerdo.

Al crecer la empresa fue necesaria otra mudanza, esta vez a un local de Lavalle al 400, donde hoy funciona Micropack. “Recuerdo ser adolescente en esa etapa, íbamos siempre. Había ya un laboratorio, aparecieron las primeras computadoras, mucha gente trabajando. Fue cuando salieron los jugos Tacconi”, precisa. En 1987, se decidió la venta. Eran épocas complejas de crisis e inflación en las que se abrieron las fronteras a productos extranjeros. “Vos ponías un precio de producción y el pago de supermercadistas, a 120 días, no te cerraban nunca los números”, resume Meme. “Fue duro porque la sentíamos propia, pero era complejo llevar adelante una empresa familiar siendo tantos. Mis sobrinos y mis hijos nos recriminan cómo pudimos venderla, apenas se acuerdan de la fábrica. Pero en ese momento sentimos que era el momento de venderla. Hubo una oferta buena de Bols, fue una buena negociación”, resume. Dos años más tarde, 1989, la compra Cepas Argentinas, su actual dueña, que ofrece el Amargo Obrero en un catálogo ambicioso de productos donde hay varios pesos pesados, como ron Bacardi, Gancia, Jack Daniels y Fernet 1882, por mencionar algunos.

Si bien los descendientes de Hércules Tacconi continúan de cierta forma vinculados a la marca, se trata de un lazo afectivo, no comercial. Participaron de actividades de relanzamiento en Buenos Aires, hace algunos años, y de las celebraciones cuando se declaró al Amargo Obrero patrimonio cultural rosarino en 2017. “Hoy se sigue tomando Amargo Obrero. Nos preguntan si nos guardamos la fórmula y contestamos que no. Pero estamos felices de que siga vigente”, celebra Meme.

Preparación de un trago con Amargo Obrero

A la hora de consultar sobre las vinculaciones de la bebida con el anarquismo y el peronismo, la familia Tacconi las relativiza. “Más allá de su etiqueta, no era una familia anarquista, no había afinidad política. Después el peronismo se apropió de la bebida, pero tampoco era que la familia fuera peronista”, remarcan. 

¿Pero existe o no una campaña para que el aperitivo llegue a Balcarce 50 y de allí salte a la fama mundial? “No puedo confirmar ni desmentir, pero en algún momento lo vamos a conseguir”, dice entre risas Beltrán Ruiz, empresario gastronómico que junto a Iván D’Angelo gerencia El Riel, de Pueyrredón y Rivadavia. Este tradicional bar de la ciudad, cuya primera habilitación municipal data de 1915, fue clave en la revitalización del Amargo Obrero, en el movimiento que llevó a su más reciente ola de popularidad.

Hoy El Riel tiene seis opciones de tragos con Amargo Obrero en su carta (el que más sale lo combina con pomelo, rodaja de manzana y romero). En algún momento, llegó a tener diez. “Hay gente que viene solo a tomar Amargo Obrero, somos embajadores en cierta forma. Y en poco tiempo vamos a tener un trago de Amargo Obrero tirado. Sería aperitivo de la casa, casero”, anticipa. Durante la última semana gastronómica rosarina en El Riel prepararon un helado de Amargo Obrero y en algún momento ofrecieron en el menú osobuco al amargo, plato alabado por su originalidad y sabor. Pero hay más. Cuando en el Museo de la Ciudad estuvo la muestra Obreras, se ofreció un trago bautizado igual que la muestra, basado en Amargo Obrero. Y los integrantes de la banda Homero y sus Alegres hicieron un video donde los protagonistas aparecen tomando Amargo Obrero. Cuando fue el recital en el CEC para presentarlo hubo un trago especial llamado Obrero y sus alegres.

Beltrán ruiz gerencia el riel, el bar donde se toma A.o.
Beltrán ruiz gerencia el riel, el bar donde se toma A.O.

“No es casualidad que Rosario tenga el primer amargo industrial en la Argentina, pensemos en la gran cantidad de inmigrantes que llegaron en el siglo XIX y que han seguido llegando con el tiempo”, analiza Beltrán, quien además de El Riel gerencia la galería de arte La Raíz. La empresa que lo comercializa menciona mucho el contraste del amargo con las bebidas dulces consideradas más elitistas. “El amargo era fácil de tomar con bebida dulce, agua, soda, hielo solo. El peronismo lo toma como el aperitivo previo al asado, en un momento de gran consumo interno, de productos tanto locales como regionales”.

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La decisión de los dueños de El Riel de apostar al Amargo Obrero es culpa de un mueble. O algo así. Cuando compraron el bar, en 2015, había entre otras cosas un antiguo aparador que intuyen formaba parte del mobiliario original. “Este mueble tenía muchas botellas antiguas, era casi un museo de botellas”, explica Beltrán mientras señala una estructura de madera y vidrio apoyada en una pared cercana al ingreso del bar. “Había botellas de Amargo Obrero de otras décadas, muchas con etiquetas diferentes, de los años 50 y 60. Nos motivó a indagar sobre este producto rosarino y de allí nació la idea de rescatarlo, volver a darle vida”, cuenta.

“Rosario es una ciudad joven, con poca historia, con poco orgullo de productos locales. Quisimos darle valor a lo que el paso del tiempo hizo que sobreviviera, porque tantas generaciones lo han tomado y muchos desconocen que el origen de esta bebida es esta misma ciudad”, sostiene. De hecho, los dueños de El Riel fueron quienes impulsaron que fuera declarada patrimonio cultural por el Concejo, proyecto llevado al cuerpo por la concejala Norma López. A partir de esta medida, el Ente Turístico Rosario (Etur) comenzó a incluir en los programas y circuitos turísticos las diversas manifestaciones gastronómicas que se identifican con la historia de la bebida.

“Difícil saber quién puso la simbología de la hoz y el martillo cuando fue creada la bebida. Pero está claro que el producto va más allá de lo partidario, supera la grieta. Es la bebida peronista, pero también anarquista y comunista. Es la bebida de los trabajadores, la bebida popular más allá del signo político. Tiene esa filosofía. Uno, cuando hoy toma Amargo Obrero, siente que toma un producto popular, llano, del pueblo”, concluye Beltrán.

Durante su campaña, y también después de resultar electo, el presidente Fernández lanzó promesas de unidad nacional. “Conmigo se termina la grieta”, repitió aquí, allá y en todas partes. Si llegó el tiempo de convertir esas palabras en política de Estado, qué mejor que hacerlo con un vaso de Amargo Obrero en la mano. Con pomelo, Alberto, como a usted le gusta.

Fotos: Sebastián Vargas

Publicado en la ed. impresa #06

Fernanda Blasco

Por Fernanda Blasco

Periodista (TEA) y Profesora en Letras (UNR). Participó con gran adrenalina del nacimiento de tres importantes proyectos periodísticos: el diario El Ciudadano (1998) donde fue redactora, el diario digital Rosario3 (2006) donde fue subeditora, y el portal Rosarioplus (2015) donde armó el proyecto y fue editora. En la actualidad, es consultora en comunicación digital. Además, forma parte del staff del programa Juana en el Arco (Radio UNR) y dicta talleres de escritura creativa. Cree que la mayoría de los problemas se resuelven durmiendo. Cuando está estresada tararea "Smelly cat" para relajarse. Jamás la verán con crocs.

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